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<rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0"><channel><atom:link href="https://letrasdelmundo.blogia.com/feed.xml" rel="self" type="application/rss+xml"/><title>Letras del mundo</title><description>ESCRITORES CONTEMPOR&#xC1;NEOS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DIRECTORA:&lt;br /&gt;Norma Segades - Manias&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;</description><link>https://letrasdelmundo.blogia.com</link><language>es</language><lastBuildDate>Sun, 10 Dec 2023 12:02:20 +0000</lastBuildDate><generator>Blogia</generator><item><title>Carlos Mor&#xE1;n (Santa Fe/Argentina)</title><link>https://letrasdelmundo.blogia.com/2007/041501-carlos-moran-santa-fe-argentina-.php</link><guid isPermaLink="true">https://letrasdelmundo.blogia.com/2007/041501-carlos-moran-santa-fe-argentina-.php</guid><description><![CDATA[<strong>El m&aacute;s vivo de todos<br /></strong><br />El m&aacute;s vivo de todos es el Rauli que ayer se cay&oacute; a las casas con un pollo entero. El abuelo ni lo dej&oacute; respirar porque ya estaba arrancando las maderas de la ventana y preparaba el juego y despu&eacute;s de sacarle las partes podridas lo puso al juego y le tir&oacute; vinito del tetra y qued&oacute; tan rico que era para bailar.<br />La Laucha dijo que era una porquer&iacute;a, que todo era una porquer&iacute;a y se puso a llorar, pero a la Laucha ni hay que llevarle al apunte porque para ella no alcanza ni el castillo de Alibab&aacute;, as&iacute; que mejor salir por el aujero del fondo y buscar, aunque cada vez hay menos de menos y ni te alcanza ni para esto.<br />El problema verdadero es el fr&iacute;o, la mama se abriga y se abriga pero no hay manera, porque el techo est&aacute; todo con aujeros y te entra un chiflete que te agarra hasta el coraz&oacute;n y se te paspan los labios y no se puede ni decir ni una palabra porque en seguida te viene el dolor de garganta.<br />M&aacute;s problema hay cuando vuelve la lluvia que te moja todo y ni te pod&eacute;s defender porque cae por los aujeros del techo que el abuelo ni sabe arreglar ni el hombre que anda con la mama ni nadie y a m&iacute; tampoco porque ni s&eacute; por d&oacute;nde empezar. As&iacute; que hay que meterse en los rincones y aguantarse. Uno, ac&aacute;, tiene que aguantarse.<br />Por ai se cae un cacho de la pared y hay que correrse r&aacute;pido para otro lado porque si no ni te salv&aacute;s del chiflete, pero en el otro lado est&aacute; el abuelo o est&aacute; la Laucha o est&aacute; el hombre que lo &uacute;nico que sabe es chuparse con el treta y te da una con esa mano grande que tiene que ni te deja un hueso sano pero suerte que soy flaco y r&aacute;pido y no me puede alcanzar.<br />El agua sigue al lado mismo de las casas y tiene un olor a repodrido que no hay quien se la aguante pero la mama dice que m&aacute;s mejor no podemos estar y que tenemos que dar graciaadi&oacute; que encontramos las casas cuando ni sab&iacute;amos ni para d&oacute;nde ir.<br />Porque el agua lleg&oacute; de pronto al barrio y vino con el fr&iacute;o y vino con el chiflete y nos rompi&oacute; la pieza y nos dej&oacute; con el culo al aire y don Juan no apareci&oacute; m&aacute;s y nadie supo y nadie sab&iacute;a nada en el barrio que era un puro griter&iacute;o con los ladridos de los perros y los caballos que se pon&iacute;an como locos y uno que andaba con los nervios de punta porque no hab&iacute;a ni un lugar donde esconderse.<br />En las casas somos como mil y hay que andar con cuidado porque se viene cada uno oloroso y con faca en la cintura y vino el Gur&iacute; que trajo el rev&oacute;lver y cuando se ponen con el treta se ponen como loco y mejor rajarse por el fondo y irse lejos, a ver si pescamo una mojarra o un s&aacute;balo o un bagre pero ni eso, el otro d&iacute;a saqu&eacute; una zapatilla toda rota y despu&eacute;s un tarro y lo &uacute;nico que pasan son la caja del tetra vac&iacute;a, do botella y las bolsitas de pl&aacute;stico.<br />El problema es el tetra y el otro problema son la pastilla porque cuando se ponen con esas se ponen todos locos y lo mejor es irse un poco lejos pero no hay lugar porque siempre est&aacute; lloviendo y te pasan cerca los coso de Prefetura y te miran como si te quisieran bajar de un hondazo y hay que hacerse el tonto y hacer como que no esisten. Yo pesco, siempre ando con el ril y la ca&ntilde;a y trato de sacar algo pero el agua se pudri&oacute; y los pescados salen todos muertos y podridos y lo que saco es una zapatilla rota y una botella de la cocacola.<br />Los de Prefetura te tienen podrido porque ni hay una que los conforme. Vienen, miran, revuelven que te dejan las casas que es una porquer&iacute;a y despu&eacute;s se van sin decir la menor palabra como dice la mama que cuando los ve ven&iacute; dice otraveotraveotrav&eacute; y se manda mud&aacute; a los fondos de donde vuelve cuando ya es de noche y hay que guardarse porque llegan lo tiro y cuando llegan lo tiro no te perdonan ni as&iacute;.<br />Dec&iacute; que el hombre tiene una mano grande como un ropero y anda calzado y mejor ni te le acerqu&eacute; porque te baja de la manopla que te da, pero lo negro quieren sacarte todo, hasta la botella vac&iacute;a de la cocacola. Y se la quieren llevar a la Laucha. El hombre dijo que s&iacute; y le pidi&oacute; al Gur&iacute; como tre treta y la puta que lo pari&oacute; de plata pero la mama dijo que no y se puso mala y lo sac&oacute; a los sillazos y nosotros la ayudamos con las piedras. Pero de seguro que van a volver porque cuando hay hambre de mujer no hay quien te los pare, como dice el abuelo.<br />Lo que tenemo es hambre de comida, cuando viene el cami&oacute;n de los soldado todo est&aacute; bien porque ellos te dan la polenta y el arr&oacute; y lo fideos, pero cuando no vienen porque se rompi&oacute; el puente y hay un barro asqueroso que es todo un chiquero el hambre te empieza a apret&aacute; y a apret&aacute; y la panza te hace unos chiflidos y el dolor de la panza ni con el agua ni con el mate se te va, qu&eacute; se te va ir.<br />El abuelo necesita la indici&oacute;n, pero ni uno quiere venir para las casas para pon&eacute;rsela, as&iacute; que el abuelo anda medio que se cae y medio que se tira en las cubijas y no habla con nadie y a vece da miedo porque parece que se muri&oacute; nom&aacute;.<br />Tiene que tom&aacute; cosas caliente, dice la mama pero no hay de d&oacute;nde, y ella dice que lo va a perder y entonces no aguanto m&aacute;s y me voy al fondo y salgo de la casa y tiro el ril a ve si sale algo y no sale ni mierda ni la botella de la cocacola nada porque lo &uacute;nico que hay ac&aacute; es el barro y el pl&aacute;stico y la lluvia finita que se mete por toda parte, que no te deja ni cuando andas dispierto ni cuando te dorm&iacute;.<br />A lo negro lo que no se le pasa es el hambre de la Laucha, as&iacute; que vuelven, la relojean, la siguen, le dicen barbarid&aacute; y la mama se pone bizca de la rabia que le da y le dice al hombre que lo saque a lo negro y al Gur&iacute; y el hombre no tiene gana, a &eacute;l lo que le importa es la plata, aqu&iacute; en las casas no hay ni un guita, grita el hombre, y &eacute;sta come por mil, y la se&ntilde;ala a la Laucha que se viene conmigo y se sienta y ni quiere hablar con nadie porque lo que quiere es encontrar al Marcial y al Marcial ni se lo vio m&aacute;s desde que vino el agua.<br />La Laucha viene y me dice que tiene un miedo que se caga toda, porque el hombre la quiso vend&eacute; por poca guita nom&aacute; y que la mama apenas que si se enter&oacute; y que si no se entera ya estar&iacute;a con el Gur&iacute; que es m&aacute;s pior que las ara&ntilde;as y cap&aacute; que la lleva a Buenosaire y ni la vemo m&aacute;s.<br />El hambre es como un aujero en la panza que ni te deja respir&aacute; y la mama se queja y el abuelo parece muerto tirado entre las cubija y la Laucha llora porque el Marcial ni aparece y vinieron el Gur&iacute; con lo negro para habl&aacute; con el hombre y mandarse mud&aacute; con la Laucha y hasta a la mama parece que le est&aacute; dando lo mismo as&iacute; que la Laucha viene y me pide que la ayude.<br />&iquest;Y de qu&eacute; la voy a ayudar si con lo flaco que soy me hacen pomada con que me miren no m&aacute;s? As&iacute; que me voy a pescar y la primera vez que voy y saco un pescado flaquito que me lo como crudo, as&iacute; como est&aacute; y aunque me clave las ejpinas me siento mejo y si ella no quiere ir con el Gur&iacute; que no vaya que para eso ella decide as&iacute; que mejor que se lo busque al Marcial y que se vaya porque en las casas ya ni se puede vivir como dice la mama.<br />El que la tiene que ayud&aacute; es el Rauli porque es el m&aacute;s vivo de todos pero el Rauli se mand&oacute; mud&aacute; porque dijo que en las casas ni se puede estar y si vienen lo negro te machucan todo y no te van a dejar sano ni el cerebelo, as&iacute; que se fue y si te he visto no me acuerdo como dice la mama y la Laucha tiene m&aacute;s miedo todav&iacute;a.<br />Qu&eacute; la voy a ayud&aacute;, mejor vuelvo a ver si saco la mojarrita, si saco el bagre, si saco el s&aacute;balo si saco mucho s&aacute;balo podemo comer como lo reye como dec&iacute;a el abuelo que ni se levanta m&aacute;s y la mama dice que si tuviera la indici&oacute;n seguro que se sana pero lo de Prefetura te miran con un odio que te achuran todo y despu&eacute;s se van y si te he visto no me acuerdo, as&iacute; que se va a morir y la Laucha llora m&aacute;s porque esa te llora hasta cuando cae la lluvia as&iacute; que ahora te llora todo el tiempo y en las casas hay miedo porque si no para seguro que el agua se viene y nos lleva como hizo con el barrio que ahora no est&aacute; por ning&uacute;n lado y hay agua y nada m&aacute;s.<br />El abuelo tiene un ronquido feo, el hombre se pone loco y toma m&aacute;s y me manda un mamporro que suerte que soy flaco y puedo correr que si no me come todos los huesos, la mira a la Laucha y dice est&aacute; noche te me va con el Gur&iacute; y la mama llora y ya no habla m&aacute;s.<br />La &uacute;nica luz que llega viene de la calle porque en las casas ni velas tenemo. La mama le pone la compresa al abuelo y le quiere dar un mate cocido pero el abuelo lo gomita as&iacute; que se vuelve un enchastre y ronca m&aacute;s y el hombre se pone loco y me larga un mamporro que me pega en la cabeza porque no me agach&eacute; a tiempo y quedo medio boludo mientras lo negro se me cagan de la risa.<br />Despu&eacute;s me pongo en un rinc&oacute;n y me limpio lo moco y ni en pedo voy a llor&aacute;, lo &uacute;nico que quiero es un chumbo para darle en la cabeza al hombre y a la negrada boluda que la miran a la Laucha y el Gur&iacute; que se la quiere llev&aacute; pero ella lo quiere al Marcial que desde que vino el agua ni se vio y no volvi&oacute; nunca m&aacute;s.<br />La Laucha viene y me dice ayudame que me va a llev&aacute; esta noche el Gur&iacute;.<br />Pero en la noche y en lo oscuro el abuelo deja de ronc&aacute; y la mama lo sacude y lo vuelve a sacud&iacute; y tambi&eacute;n lo sacudo yo y lo sacude el hombre pero el abuelo no responde y lo que pasa es que se muri&oacute;.<br />La mama se descompuso y le dijimos que se acostara un poco que cuando vinieran los de la Prefetura le vamos a decir que se muri&oacute; el abuelo para que se lo lleven. Al hombre no le interesa esa cosa y se pone a tom&aacute; del treta con el Gur&iacute; que vino a llevarse a la Laucha y ya est&aacute;, y ella me agarra el brazo y se pone a tembl&aacute; y yo siento lo moco que mojan toda la cara y digo que el Rauli tendr&iacute;a que estar ahora y tambi&eacute;n el Marcial pero no hay ni en las casas ni en ning&uacute;n lugar.<br />La mama no puede m&aacute;s y llora y yo le digo acu&eacute;stese mama y los otros, lo negro, el Gur&iacute;, el hombre, andan en pedo no m&aacute;s y yo le digo du&eacute;rmase que yo me quedo dispierto y la mama se envuelve en las cubijas y se pone a roncar y me apuro y le digo a la Laucha andate patr&aacute;s y ni respir&eacute;s.<br />Los coso de la Prefetura me miran como se mira a un moco, a un poquito de mierda, pero a m&iacute; ni me importa y les digo que se muri&oacute; el abuelo y que lo vayan a buscar. Hay un fr&iacute;o de mierda y me tiemblan los g&uuml;esos pero todav&iacute;a hay que volver a las casas y va a ser lo mejor que lo negro y el Gur&iacute; y el hombre se empeden porque si me abarajan de un mamporro seguro que me matan.<br />Es m&aacute;s pesau que las piedras el abuelo, ayudame, le tengo que pedir a la Laucha, ni habl&eacute; ni grit&eacute; ni que te escuchen. Suerte que en lo oscuro no se ve ni lo que se respira. Tiramos, tiramos, salimos por el aujero del fondo, ni habl&eacute;, le digo a la Laucha hablando bajito, no doy m&aacute;s pero hay que seguir hasta el agua que est&aacute; ah&iacute; no m&aacute;s. Y entonces llegamo. Y entonces lo tiramo. Chau abuelo digo al ruido que se hunde.<br />Despu&eacute;s voy y le digo a la Laucha que se ponga en las cubijas del abuelo y ella que no, que no quiere, pero cuando estoy por chirliarla escucha la carcajada del Gur&iacute; y deja de protestar y se escuende y se tapa toda sin que yo le diga nada m&aacute;s.<br />Despu&eacute;s vienen los de la Prefetura y piden por el cuerpo del abuelo y que qui&eacute;n les avis&oacute; dice el hombre pero ellos no dicen nada y yo me escuendo y la mama llora cuando uno agarra de una punta la cubija y el otro la agarra de la otra y de un golpe seco la ponen al fondo del cami&oacute;n y se van.<br />Pior que a un perro, llora la mama y yo me quedo afuera mirando c&oacute;mo se va la luz chiquita del cami&oacute;n hasta que no la veo m&aacute;s. <br />No bien afloje la lluvia y salga otra vez el sol me voy a ir a pescar. A lo mejor saco un bagre entero y se lo llevo a la mama y lo comemo y lo regamo con vinito y lo ponemo a bailar.<br /><br />]]></description><pubDate>Sun, 15 Apr 2007 19:51:00 +0000</pubDate></item><item><title>Jorge Luis Borges (Buenos Aires/Argentina)</title><link>https://letrasdelmundo.blogia.com/2007/041401-jorge-luis-borges-buenos-aires-argentina-.php</link><guid isPermaLink="true">https://letrasdelmundo.blogia.com/2007/041401-jorge-luis-borges-buenos-aires-argentina-.php</guid><description><![CDATA[<strong>Mis libros<br /></strong><br />Mis libros (que no saben que yo existo)<br />son tan parte de m&iacute; como este rostro<br />de sienes grises y de grises ojos<br />que vanamente busco en los cristales<br />y que recorro con la mano c&oacute;ncava.<br />No sin alguna l&oacute;gica amargura<br />pienso que las palabras esenciales<br />que me expresan est&aacute;n en esas hojas<br />que no saben qui&eacute;n soy, no en las que he escrito.<br />Mejor as&iacute;. Las voces de los muertos<br />me dir&aacute;n para siempre.<br /><br /><strong>Oda escrita en 1966<br /></strong><br />Nadie es la patria. Ni siquiera el jinete<br />que, alto en el alba de una plaza desierta,<br />rige un corcel de bronce por el tiempo,<br />ni los otros que miran desde el m&aacute;rmol,<br />ni los que prodigaron su b&eacute;lica ceniza<br />por los campos de Am&eacute;rica<br />o dejaron un verso o una haza&ntilde;a<br />o la memoria de una vida cabal<br />en el justo ejercicio de los d&iacute;as.<br />Nadie es la patria. Ni siquiera los s&iacute;mbolos.<br /><br />Nadie es la patria. Ni siquiera el tiempo<br />cargado de batallas, de espadas y de &eacute;xodos<br />y de la lenta poblaci&oacute;n de regiones<br />que lindan con la aurora y el ocaso,<br />y de rostros que van envejeciendo<br />en los espejos que se empa&ntilde;an<br />y de sufridas agon&iacute;as an&oacute;nimas<br />que duran hasta el alba<br />y de la telara&ntilde;a de la lluvia<br />sobre negros jardines.<br /><br />La patria, amigos, es un acto perpetuo<br />como el perpetuo mundo. (Si el Eterno<br />Espectador dejara de so&ntilde;arnos<br />un solo instante, nos fulminar&iacute;a,<br />blanco y brusco rel&aacute;mpago, Su olvido.)<br />Nadie es la patria, pero todos debemos<br />ser dignos del antiguo juramento<br />que prestaron aquellos caballeros<br />de ser lo que ignoraban, argentinos,<br />de ser lo que ser&iacute;an por el hecho<br />de haber jurado en esa vieja casa.<br />Somos el porvenir de esos varones,<br />la justificaci&oacute;n de aquellos muertos;<br />nuestro deber es la gloriosa carga<br />que a nuestra sombra legan esas sombras<br />que debemos salvar.<br /><br />Nadie es la patria, pero todos lo somos.<br />Arda en mi pecho y en el vuestro, incesante,<br />ese l&iacute;mpido fuego misterioso. <br /><br /><strong>Un lector <br /></strong><br />Que otros se jacten de las p&aacute;ginas que han escrito; <br />a m&iacute; me enorgullecen las que he le&iacute;do. <br />No habr&eacute; sido un fil&oacute;logo, <br />no habr&eacute; inquirido las declinaciones, los modos, <br />la laboriosa mutaci&oacute;n de las letras, <br />la de que se endurece en te, <br />la equivalencia de la ge y de la ka, <br />pero a lo largo de mis a&ntilde;os he profesado <br />la pasi&oacute;n del lenguaje. <br />Mis noches est&aacute;n llenas de Virgilio; <br />haber sabido y haber olvidado el lat&iacute;n <br />es una posesi&oacute;n, porque el olvido <br />es una de las formas de la memoria, su vago s&oacute;tano, <br />la otra cara secreta de la moneda. <br />Cuando en mis ojos se borraron <br />las vanas apariencias queridas, <br />los rostros y la p&aacute;gina, <br />me di al estudio del lenguaje de hierro <br />que usaron mis mayores para cantar <br />espadas y soledades, <br />y ahora, a trav&eacute;s de siete siglos, <br />desde la &Uacute;ltima Thule, <br />tu voz me llega, Snorri Sturluson. <br />El joven, ante el libro, se impone una disciplina precisa <br />y lo hace en pos de un conocimiento preciso; <br />a mis a&ntilde;os, toda empresa es una aventura <br />que linda con la noche. <br />No acabar&eacute; de descifrar las antiguas lenguas del Norte, <br />no hundir&eacute; las manos ansiosas en el oro de Sigurd; <br />la tarea que emprendo es ilimitada <br />y ha de acompa&ntilde;arme hasta el fin, <br />no menos misteriosa que el universo <br />y que yo, el aprendiz.<br /><br /><strong>Un lobo<br /></strong><br />Furtivo y gris en la penumbra &uacute;ltima,<br />va dejando sus rastros en la margen<br />de este r&iacute;o sin nombre que ha saciado<br />la sed de su garganta y cuyas aguas<br />no repiten estrellas. Esta noche,<br />el lobo es una sombra que est&aacute; sola<br />y que busca a la hembra y siente fr&iacute;o.<br />Es el &uacute;ltimo lobo de Inglaterra.<br />Od&iacute;n y Thor lo saben. En su alta<br />casa de piedra un rey ha decidido<br />acabar con los lobos. Ya forjado<br />ha sido el fuerte hierro de tu muerte.<br />Lobo saj&oacute;n, has engendrado en vano.<br />No basta ser cruel. Eres el &uacute;ltimo.<br />Mil a&ntilde;os pasar&aacute;n y un hombre viejo<br />te so&ntilde;ar&aacute; en Am&eacute;rica. De nada<br />puede servirte ese futuro sue&ntilde;o.<br />Hoy te cercan los hombres que siguieron<br />por la selva los rastros que dejaste,<br />furtivo y gris en la penumbra &uacute;ltima.<br /><br /><strong>El hacedor<br /></strong><br />Somos el r&iacute;o que invocaste, Her&aacute;clito. <br />Somos el tiempo. Su intangible curso <br />acarrea leones y monta&ntilde;as, <br />llorado amor, ceniza del deleite, <br />insidiosa esperanza interminable, <br />vastos nombres de imperios que son polvo, <br />hex&aacute;metros del griego y del romano, <br />l&oacute;brego un mar bajo el poder del alba, <br />el sue&ntilde;o, ese pregusto de la muerte, <br />las armas y el guerrero, monumentos, <br />las dos caras de Jano que se ignoran, <br />los laberintos de marfil que urden <br />las piezas de ajedrez en el tablero, <br />la roja mano de Macbeth que puede <br />ensangrentar los mares, la secreta <br />labor de los relojes en la sombra, <br />un incesante espejo que se mira <br />en otro espejo y nadie para verlos, <br />l&aacute;minas en acero, letra g&oacute;tica, <br />una barra de azufre en un armario, <br />pesadas campanadas del insomnio, <br />auroras, ponientes y crep&uacute;sculos, <br />ecos, resaca, arena, liquen, sue&ntilde;os. <br />Otra cosa no soy que esas im&aacute;genes <br />que baraja el azar y nombra el tedio. <br />Con ellas, aunque ciego y quebrantado, <br />he de labrar el verso incorruptible <br />y (es mi deber) salvarme.<br /><br /><strong>Las causas<br /></strong><br />Los ponientes y las generaciones. <br />Los d&iacute;as y ninguno fue el primero. <br />La frescura del agua en la garganta <br />de Ad&aacute;n. El ordenado Para&iacute;so. <br />El ojo descifrando la tiniebla. <br />El amor de los lobos en el alba. <br />La palabra. El hex&aacute;metro. El espejo. <br />La Torre de Babel y la soberbia. <br />La luna que miraban los caldeos. <br />Las arenas inn&uacute;meras del Ganges. <br />Chuang-Tzu y la mariposa que lo sue&ntilde;a. <br />Las manzanas de oro de las islas. <br />Los pasos del errante laberinto. <br />El infinito lienzo de Pen&eacute;lope. <br />El tiempo circular de los estoicos. <br />La moneda en la boca del que ha muerto. <br />El peso de la espada en la balanza. <br />Cada gota de agua en la clepsidra. <br />Las &aacute;guilas, los fastos, las legiones. <br />C&eacute;sar en la ma&ntilde;ana de Farsalia. <br />La sombra de las cruces en la tierra. <br />El ajedrez y el &aacute;lgebra del persa. <br />Los rastros de las largas migraciones. <br />La conquista de reinos por la espada. <br />La br&uacute;jula incesante. El mar abierto. <br />El eco del reloj en la memoria. <br />El rey ajusticiado por el hacha. <br />El polvo incalculable que fue ej&eacute;rcitos. <br />La voz del ruise&ntilde;or en Dinamarca. <br />La escrupulosa l&iacute;nea del cal&iacute;grafo. <br />El rostro del suicida en el espejo. <br />El naipe del tah&uacute;r. El oro &aacute;vido. <br />Las formas de la nube en el desierto. <br />Cada arabesco del calidoscopio. <br />Cada remordimiento y cada l&aacute;grima. <br />Se precisaron todas esas cosas <br />para que nuestras manos se encontraran.<br /><br />]]></description><pubDate>Sat, 14 Apr 2007 20:43:00 +0000</pubDate></item><item><title>Oscar Portela (Corrientes/Argentina)</title><link>https://letrasdelmundo.blogia.com/2007/041203-oscar-portela-corrientes-argentina-.php</link><guid isPermaLink="true">https://letrasdelmundo.blogia.com/2007/041203-oscar-portela-corrientes-argentina-.php</guid><description><![CDATA[<strong><span style="font-family: Georgia">La violencia est&aacute; en nosotros <br /></span></strong><span style="font-family: Georgia"><br /><strong><em>Penalizaci&oacute;n, violencia, criminalidad <br /></em></strong>Entre las condenas del c&oacute;digo de Hamurabi desde la arcaica Babilonia a las penalizaciones m&aacute;s sofisticadas - ejemplo inyecci&oacute;n letal para pena de muerte en los Estados Unidos- existe solo un problema de &ldquo;mise en escena&rdquo; que separa el aparente acto de crueldad de la puesta en escena de muerte, minimizando lo que constituye la devoluci&oacute;n de la reparaci&oacute;n o condonaci&oacute;n del acto de trasgresi&oacute;n social, (muerte, violaci&oacute;n o robo) tras la apariencia de la ausencia del dolor f&iacute;sico y las torturas infligidas, de acuerdo a la perdida sufrida por el conjunto de la comunidad de acuerdo a la gravedad del da&ntilde;o cometido: ser&iacute;a imposible enumerar los actos de castigo y tortura ensayadas por la diversas culturas de acuerdo a la reparaci&oacute;n exigida por el conjunto normativo de esta o aquella comunidad y la naturaleza de la penalizaci&oacute;n determinada por las mismas. <br />Es com&uacute;n hoy en la jerga del periodismo irreflexivo o&iacute;r hablar de nuevas formas de pacto social, o mejor a&uacute;n parodiando a Rosseau de nuevas formas de Contrato Social. En realidad las &ldquo;comunidades&rdquo; pueden a&uacute;n prescindir de la conformaci&oacute;n de un Estado y es el Estado el que necesita de pactos sociales o contratos sociales que se dan en el marco de una jurisprudencia determinada, para as&iacute; evitar la disoluci&oacute;n de todo acuerdo de partes. <br />&iquest;C&oacute;mo se da el Estado a si mismo una memoria que regule las relaciones sociales cuando de constituir una maquinaria socio-deseante se trata? Ya no se trata de &ldquo;una comunidad arcaica, segura en sus &ldquo;creencias&rdquo;, con sus jerarqu&iacute;as simb&oacute;licas y no maquinicas, sino de un aparato que debe funcionar seg&uacute;n las leyes de las operaciones entre el cr&eacute;dito y las acreencias para lo cual el Estado debe poner a funcionar una memoria colectiva. <br />El Estado como maquinaria opresiva crea el contrato social en base al cr&eacute;dito y la deuda como formas de someter al animal hombre gregarizandolo mediante el cumplimiento de cualquier interdicto que sea cometido por este, elevando la deuda y el castigo seg&uacute;n los perjuicios cometidos contra la sociedad. <br />Todo Contrato Social nace pues de un acto de violencia de un aparato estatal que te&oacute;ricamente consolida un Estado de Derecho. En la practica veremos como la historia, considerada linealmente y seg&uacute;n los preceptos &eacute;ticos y morales de una comunidad dada seg&uacute;n tiempo y &aacute;mbitos culturales, se desmorona cuando el hombre fijado como animal de raz&oacute;n por la filosof&iacute;a griega, constantemente reconstruye la interna conexi&oacute;n entre profano y lo sagrado, con la finalidad de responder a su naturaleza m&aacute;s honda en la cual la crueldad cumple una funci&oacute;n simb&oacute;lica constitutiva y la misma relaci&oacute;n Dioses y Hombres (sacrificios incluidos ) a tenor de una visi&oacute;n asincr&oacute;nica de lo hist&oacute;rico pone al hombre de la hipersofisticada raz&oacute;n consumada en t&eacute;cnica a un paso de lo &ldquo;subhumano&rdquo; y no de lo inhumano, como querr&iacute;an los defensores de un nuevo Contrato Social. <br /><br /><strong><em>Penalizaci&oacute;n y violencia <br /></em></strong>El Estado de Derecho es una excepci&oacute;n nacido de la violencia impuesta al animal hombre: Jacques Derrida a escrito paginas definitivas sobre esto resucitando en "Fuerza de Ley" la tesis benjaminiana de que la Ley es impuesta a la sociedad siempre como acto de violencia. <br />Pero esta misma preceptiva filos&oacute;fica fue la desarrollada por Nietszche en su "Genealog&iacute;a de la Moral", considerado por Deleuze como el m&aacute;s importante ensayo sobre antropolog&iacute;a social del siglo XX. <br />La moderna tesis de Giorgio Agambent de que la suspensi&oacute;n del estado de derecho como forma de mantener la misma esencia del derecho, es pues, si no in&uacute;til, est&eacute;ril desde el punto de vista conceptual y formal porque ya toda &ldquo;ley&rdquo; constituye en si un acto de violencia. Solo as&iacute; se explica que el m&aacute;s arcaico de los mitos- el de &ldquo;justicia&rdquo; como devolutiva del bien escamoteado- siga constituyendo la misma sustancia de todos los c&oacute;digos penales del mundo. <br />Pues bien : si los largos procesos de tabuisaci&oacute;n son los soportes que evitaron por largo tiempo las trasgresiones la ley, los castigos por transgredir o profanar la ley, sea esta de naturaleza divina o meramente humana por m&aacute;s terribles que hayan sido se han mostrado a lo largo de la historia - pena de muerte bajo torturas terribles , quema, empalamiento y hasta emparedamiento de un ser humano vivo- est&eacute;riles para evitar los actos de violencia que llevan consigo el propio holocausto de la persona cuando de motivos pol&iacute;ticos se trata: (el terrorismo moderno, los antiguos martirologios religiosos), motivos de fe, profanaci&oacute;n o simplemente de transgresiones a veces sicop&aacute;ticas del orden establecido. <br /><br /><strong><em>Totemismo y violencia <br /></em></strong>Cualquier objeto que cause a la vez o retrotraiga a una escena primitiva de violencia debe ser considerada, propia del totemismo: el t&oacute;tem no es solo un &ldquo;objeto&rdquo; creado para trazar la complicada cuadricula de aquello que no debe ser trasgredido. <br />El t&oacute;tem es esencialmente una fuerza primitiva encarnada a la que se debe adorar porque resulta propicio a los deseos compulsivos del hombre atado a la fuerza de ley. <br />En "El se&ntilde;or de las Moscas" el genio po&eacute;tico de Goldwin nos permite reconstruir sin graves estudios etnol&oacute;gicos un periplo en el que se nos muestra como el &ldquo;hombre&rdquo;-ese animal no fijado- (Nietszhe) , se halla hoy en p&uacute;beres a poca distancia de la crueldad carn&iacute;vora y violenta del hombre primitivo. <br />Arrojados por el hundimiento de un lujoso buque a una isla desierta y abandonados a las fuerzas degradantes de la naturaleza un grupo de estudiantes londinenses reconstruyen un orden social donde va a imponerse la fuerza y la irracionalidad , sobre la fragilidad f&iacute;sica y especulativa de quienes niegan a volver a la magia de la adoraci&oacute;n tot&eacute;mica (la cabeza de un jabal&iacute; cazado como en tiempos primordiales) : la muerte y segregaci&oacute;n del m&aacute;s d&eacute;bil son las consecuencias de pocas semanas a la intemperie en las cuales los paradigmas culturales de los estudiantes ingleses quedan barridos por la fuerza de las cosas. <br />Se trata por supuesto de un alegato sobre el mal y la barbarie que dormitan en el hombre pero el o los totemismos, arcaicos o hipermodernos, un Dios del candombl&eacute; o una computadora son adorados del mismo modo fetichista y utilizados para transgredir todo orden social basado en la fuerza de ley. <br />Recordemos el imperio de las motocicletas en la d&eacute;cada del 50 y hoy la vuelta a los tatuajes, (aros, ajorcas en narices y orejas etc., etc.) formas tot&eacute;micas de retorno a la pulsiones y re-territorializaci&oacute;n de cuerpo y deseo (ambos manipulados por el mercado de un mundo que a pesar de todo constituye un mapa o un engrama donde la fuerza de ley se impone tambi&eacute;n - paradojalmente- fracasan, y en la cual los arca&iacute;smos y la hipe racionalidad , conforman un tejido en el cual se recicla la necesidad tanto de la violencia sin raz&oacute;n - la trasgresi&oacute;n pura - o el automatismos de robots mim&eacute;ticos tan ingenuos como mortales. <br />Esto que llamamos paradoja se denuncia como Sociedad de la Rivalidad Mim&eacute;tica en la cual los deseos - antes secularizados- est&aacute;n librados a un tipo de serializaci&oacute;n en orden al consumo y la competencia, lo cual crea una psicosis que serializa el mismo acto criminal. <br />Las sociedades a las que Michel Foucault a denominado disciplinarias y toda sociedad lo es en esencia se han mostrado a lo largo de la historia impotentes para desarrollar lo que el mismo filosofo ha llamado tecnolog&iacute;as del yo que permitan una convivencia que erradique toda violencia y toda punici&oacute;n del seno de la comunidad: Foucault escribe sobre la tan temida raz&oacute;n de Estado. <br />Hoy la expresi&oacute;n Estado evoca &ldquo;arbitrariedad&rdquo; o &ldquo;violencia&rdquo;. Pero en aquella &eacute;poca se entend&iacute;a por ello una racionalidad propia del arte de gobernar racionalmente.Por aquellos a&ntilde;os, los &uacute;ltimos de su vida, Foucault escribe: <br />"Lo que asusta del humanismo es que presenta cierta forma de nuestra &eacute;tica como modelo universal para cualquier tipo de libertad. Me parece que hay m&aacute;s secretos, m&aacute;s libertades posibles y m&aacute;s invenciones en nuestro futuro de lo que podemos imaginar en el humanismo, tal y como esta representado dogm&aacute;ticamente de cada lado del abanico pol&iacute;tico: la izquierda, el centro, la derecha". <br />El problema para los humanismos desde Nietzsche a Heidegger - quien es quien fue m&aacute;s lejos de cara al futuro y para el mismo Foucault- , es que se da por contestada ya ciertas preguntas sobre las cuales reposa su ansiedad de poder (saber) que es el hombre: que es el poder, cual es la esencia de la t&eacute;cnica. <br />En t&eacute;rminos kantianos que puede el hombre. Y si el hombre como Yo, sujeto, identidad no est&aacute; ya y todo tribunal trascendente se ha borrado del horizonte, &iquest;con que &ldquo;derecho&rdquo; y en nombre de que tribunales se aplican las distintas formas de castigo para que aquello que fue substra&iacute;do agresivamente pudiese ser devuelto a la sociedad por medio de la punici&oacute;n violenta? <br />Pero lo que Foucault denomino tecnolog&iacute;as del yo han quedado retrasadas frente a la colonizaci&oacute;n de las pulsiones de los sujetos por medio de las t&eacute;cnicas de la comunicaci&oacute;n en el mundo de hoy: el mismo pan&oacute;ptico benthamiano en el que bas&oacute; todav&iacute;a su v&iacute;a de visibilidad absoluta del sujeto castigado a desaparecido bajo el volc&aacute;n en erupci&oacute;n de otras formas de las tecnolog&iacute;as del yo que paradojalmente crean violencia a partir de la pasividad absoluta de un sujeto &ldquo;espectral&rdquo;- (el asesino serial )- casi virtual, el hacker que inventa modos de estar sin estar con el &ldquo;otro&rdquo; en medio de la noche de una pc, la visibilidad ya &ldquo;absoluta&rdquo; de estos fantasmas mediante formas refinadas de detecci&oacute;n de los emisores de mensajes y la revisi&oacute;n de estos - emails, mensajes de texto de tel&eacute;fonos celulares - etc.- en manos de un hermano omnipresente :las nuevas formas del Estado forman el tejido del poder mundial m&aacute;s all&aacute; de los Estados Naciones. <br />En &eacute;ste sentido, George Orwell en &ldquo;1984&rdquo; fue m&aacute;s lejos que muchos fil&oacute;sofos cuando sofoc&oacute; toda rebeli&oacute;n de cualquier pulsi&oacute;n deseante aplast&aacute;ndola por la mirada omnipresente del Dios de la t&eacute;cnica: ya no hab&iacute;a afuera y adentro sino esclavos que no pod&iacute;an revelarse all&iacute;, en esa "cave" (cueva) platoniana&rdquo; donde solo los censores descifraban cualquier tipo de mensaje emitido a un pr&oacute;jimo. <br />Sin embargo tampoco la ficci&oacute;n a llegado en la realidad tan lejos. A la violencia de la t&eacute;cnicas de la comunicaci&oacute;n se contesta con las mismas formas de violencia: el afuera y el adentro social se a escurrido de las c&aacute;rceles y los estos mismos grupos apartados de la sociedad en las c&aacute;rceles han puesto en jaque el sistema reconstruyendo pactos sociales en los mismos penales, modificando relaciones con los grupos pertenecientes al mundo de la delincuencia que opera en libertad. <br />De modo tal que - Estado de San Pablo Brasil mayo 2006 - puedan actuar de modo soberano o en los dos &aacute;mbitos, redoblando su poder contestatario frente a un Estado que se debate en la contradicci&oacute;n de que lo disciplinario, lo que ha dejado de ser efectivo en el control de la violencia que surge no solo de diversas causas o estamentos sociales sino que amenaza con hacer de cualquier sujeto, no importa su edad, su credo religioso ni sus paradigmas culturales, un criminal. <br /><br /><strong><em>La violencia actual <br /></em></strong>Un ni&ntilde;o palestino convertido en bomba humana, ni&ntilde;os p&uacute;beres armados robando en una Escuela, peque&ntilde;os Hackers jugando con el arma mortal de un personaje virtual - en &eacute;ste caso una ni&ntilde;a - invitando y seduciendo a hombres maduros v&iacute;as Chat, son potencialmente tan peligrosos desde el punto de vista la sobrecarga de agresividad como un asesino serial que emplea los mismos m&eacute;todos para sodomizar ni&ntilde;os. <br />Frente a &ldquo;La muchedumbre solitaria&rdquo; de Riesman, las nuevas &ldquo;caves&rdquo; en la cual los murci&eacute;lagos penden de las estalactitas esperando la noche (el d&iacute;a tambi&eacute;n es vacuo para la violencia armada) y la fragmentaci&oacute;n de un renovado pacto de convivencia en la sociedad hipertecnificada: &ldquo;grupos&rdquo; que describi&oacute; magistralmente Anthony Burgess en &ldquo;La naranja mec&aacute;nica, -peque&ntilde;os hombres-lobos que m&aacute;s ac&aacute; de toda noci&oacute;n &eacute;tica de pacto social crean sus propios c&oacute;digos, su propio idioma (Burgess mezcl&oacute; el ruso con el ingles para lograr el esperanto que sus criaturas necesitaban) y se lanzan a la destrucci&oacute;n que Dostoievsky vio con ojos de &aacute;guila venir desde otros siglos. <br />Burgess (su mujer hab&iacute;a sido violada y hab&iacute;a perdido el hijo a manos de lobeznos) lo que significo su posterior estado depresivo y el alcoholismo que la llevar&iacute;a a la muerte, duda en condenar - se trataba de los primeros s&iacute;ntomas de la actual descomposici&oacute;n y fragmentaci&oacute;n social en los 70 - y apostar por una visi&oacute;n maniquea de la realidad: descree de los procesos rob&oacute;ticas de readaptaci&oacute;n y tal vez se incline nietzsceanamente por hacer notar que nos encontramos entre una raz&oacute;n imperial que no a conseguido domesticar al animal que hay en nosotros y la necesidad de reconvertir pulsiones auto y destructivas. Pero denota esta apor&iacute;a antes que nadie. <br /><br /><strong><em>Los c&oacute;digos penales <br /></em></strong>La anomia &eacute;tica que significa la desaparici&oacute;n del sujeto - muerte de los humanismos- esa identidad a veces n&oacute;made que clasific&oacute; y difundi&oacute; Deleuze: la muerte de todo proceso de tabuisaci&oacute;n e insignificado de la palabra trasgresi&oacute;n significan el modo completo de la anorexia moral - el nihilismo absoluto - en el cual se desarrolla la vida del &ldquo;sujeto&rdquo; en una sociedad sin vida comunitaria. <br />Penalizar cada d&iacute;a con mayor fuerza los delitos cometidos contra la sociedad no solo son est&eacute;riles sino llaman a posteriores rebeliones al margen de . De esto se trata cuando se habla de reformar los c&oacute;digos penales y penalizar a sujetos cada vez m&aacute;s j&oacute;venes. <br />Y es ac&aacute; donde la ley aprobada antes en Chile por el presidente Lagos que castiga a ni&ntilde;os de catorce a&ntilde;os equivoca el intento tanto de dar seguridad a la sociedad como el de &ldquo;crear&rdquo; figuras de sujetos ausentes, porque un ni&ntilde;o de catorce a&ntilde;os, no es ni m&aacute;s ni menos que un polimorfo perverso que ni siquiera tiene una identidad genitalmente dada en forma definitiva, sino un espectro que puede ser conducido y explotado - &ldquo; de ah&iacute; la prostituci&oacute;n infantil en crecimiento- para cualquier trabajo fuera de los m&aacute;rgenes de la fuerza de ley. Y el equipo Blumberg en Argentina, que tambi&eacute;n propugna esta reforma, tambi&eacute;n aqu&iacute; equivoca el camino. <br />Solo el dolor de un padre da&ntilde;ado puede poner como ejemplo los ej&eacute;rcitos de salvaci&oacute;n en los Estados Unidos cuya tarea frente a la m&aacute;s m&iacute;nima trasgresi&oacute;n, da luz verde al Estado para considerar peligrosos a p&uacute;beres e internarlos en cuidados simulacros de penales en los cuales se los &ldquo;re- adapta&rdquo; a una comunidad que espera ser deconstruida en su misma constituci&oacute;n de gregarizaci&oacute;n acerca de pulsiones at&aacute;vicas que la &ldquo;ratio&rdquo; no ha podido comprender. <br />Aqu&iacute; tenemos otro ejemplo m&aacute;s de la profec&iacute;a de Orwell llevada a la pr&aacute;ctica por un Estado insano - que obliga a la psicotizaci&oacute;n y el autismo de los "video games" y al mismo tiempo castiga esta nueva forma de Paideia - lo que muestra el fracaso de un modelo y una manera de comprender la historia y el fen&oacute;meno hombre en la misma proyecci&oacute;n de su din&aacute;mica estructural. <br />Al mismo tiempo recordamos la amarga lecci&oacute;n de Burgess cuando el chico malo&rdquo; es sometido a torturas psicol&oacute;gicas - hasta a llegar a odiar lo bueno que lleva en s&iacute; -su amor a Beethoven- una manera m&aacute;s de gregarizar las pulsiones que como el magma de los volcanes est&aacute; en perpetua erupci&oacute;n hasta el final estallido y la destrucci&oacute;n final. <br /><br /><strong>Usos de la libertad negativa <br /></strong>Los usos de la libertad negativa que trajo consigo una sociedad de consumo, masificada - despersonalizada- se vuelven y volver&aacute;n cada vez m&aacute;s insurgentes contra &eacute;sta. El o los peligros est&aacute;n ya en manos de p&uacute;beres que comienzan a vivir la imaginaci&oacute;n de lo virtual antes que las infinitas posibilidades que ofrece y ofrecer&aacute; la cha-existencia creadora con el Otro. <br />De ah&iacute; que esta ruta ya probada y solo ahondada en forma sof&iacute;stica en este momento se mostrar&aacute; en el futuro como lo que es. Simple contradicci&oacute;n de las visiones dogm&aacute;ticas de lo humano que deben ser revisadas cada d&iacute;a m&aacute;s y deconstruidas para desde este punto de vista plantear nuevas formas de paideia y pactos sociales de convivencia que hagan a la esencia de una verdadera comunidad.</span>]]></description><pubDate>Thu, 12 Apr 2007 20:44:00 +0000</pubDate></item><item><title>Eric Curth&#xE9;s (Francia)</title><link>https://letrasdelmundo.blogia.com/2007/041202-eric-curthes-francia-.php</link><guid isPermaLink="true">https://letrasdelmundo.blogia.com/2007/041202-eric-curthes-francia-.php</guid><description><![CDATA[<strong>El libro [1]<br /></strong><br />Iker Boutin, desde sus primeros a&ntilde;os, todas las noches se dorm&iacute;a recitando un libro. &iquest;Qu&eacute; libro? No lo sab&iacute;a, el hecho es que en este momento preciso que precede al adormecimiento, las p&aacute;ginas y las l&iacute;neas y los miles de caracteres chiquitos empezaban a desfilar por su cabeza, sin que pudiera intervenir lo m&iacute;nimo en esa verbosidad infernal. A veces conllevaba unas consecuencias fastidiosas en su comportamiento, andaba de lo m&aacute;s distra&iacute;do, hasta se pas&oacute; un d&iacute;a entero de invierno en el colegio llevando charentesas[2]&hellip;<br />Conviene decir que a la mar de escritos desfilando ante sus ojos, era preciso a&ntilde;adir unas pesadillas recurrentes que atormentaron su infancia, impidi&eacute;ndole que la gozara plenamente y d&aacute;ndole al mismo tiempo una conciencia precoz del miedo&hellip;<br />La casona era antigua, en el n&uacute;mero ocho de la calle Louis Barthou, a un paso de la calle Pierre Loti, en un villorrio insular de la Costa Atl&aacute;ntica, que todos reconocer&aacute;n&hellip;.Le parec&iacute;a a uno que la habitaban un aluvi&oacute;n de demonios cuando la tormenta se apoderaba de la casa, Ellos sol&iacute;an visitarlo y despertarlo sobresaltado, como si se encontrara en el cl&iacute;max del libro que lo atormentaba en lo m&aacute;s &iacute;ntimo&hellip;<br />Por ello le caus&oacute; un inmenso pavor a su profesora de franc&eacute;s, la Se&ntilde;ora Hourin, en efecto, en segundo a&ntilde;o de secundaria, cuando ella les pidi&oacute; a todos los alumnos que contaran un sue&ntilde;o, &eacute;l le redact&oacute; como doce p&aacute;ginas, con persecuciones por t&uacute;neles, cloacas, personajes realmente de terror, sacados de sus sue&ntilde;os, que impactaron muy feo en la dama, solterona-litero- clitorido- endurecida de 39 a&ntilde;os y de las que se afilian a clubes de treinta&ntilde;ales incasables, hasta el final de su vida.<br />Iker era pues un ni&ntilde;o habitado por quimeras, en la familia le sugirieron que sus antepasados eran descendientes de corsarios espa&ntilde;oles, los cuales en realidad formaban parte de los visitadores de la calle Louis Barthou, como los Vauzelle que vivieron en esta misma casa, unos cien a&ntilde;os antes, y como otros monstruos imposibles de identificar, a excepci&oacute;n de una Virgen Blanca, que acostumbraba levitar por su habitaci&oacute;n, ba&ntilde;ada de luz e irradiando la Bondad&hellip;<br />Pero volvamos al tema de su libro, el que lo proyectaba en verdad a esos abismos de donde s&oacute;lo un grito te saca, s&oacute;lo el Miedo llevado a sus paroxismos y tu coraz&oacute;n que late, late como para romperse, una infancia que rima con muerte, una infancia que Iker arrastra como una maldici&oacute;n, que hace que parezca cansado al d&iacute;a siguiente en la escuela, como ausente, en este sentido, la geometr&iacute;a siempre tuvo para &eacute;l, el sabor de un viaje que nunca m&aacute;s podr&iacute;a emprender&hellip;<br />Pero en conjunto y pese a sus lagunas en matem&aacute;ticas, el ni&ntilde;o obten&iacute;a resultados correctos en suma, sus padres desde luego estaban zozobrados por tantas pesadillas seguidas, que les quitaban el sue&ntilde;o a todos, mas lo achacaban a los &ldquo;defectos&rdquo; como dec&iacute;an del viejo y pesado caser&oacute;n de piedras, inclinado como nave austera, encallada en la costa baja, habitada por aufragadotes extremos que desde ese lugar, en la habitaci&oacute;n de la planta baja de la calle Louis Barthou, tiraban los muertos al agua&hellip;<br />Por lo dem&aacute;s, en la isla proliferaban los descendientes, no tan lejanos, de los aufragadotes. Los pobladores de La R&eacute;migeasse, un puertito de la costa oeste, o los de Chaucre, al noroeste, parec&iacute;an levantarse por la ma&ntilde;ana para comer carne humana. Las familias Crochet o Coquet ilustraban perfectamente el dif&iacute;cil paso de la libertad del asalto a un barco embarrancado[3] a lo aburrido de la pesca de cabotaje, que no alcanzaba para nada&hellip;<br />Pues Iker se pasaba las noches peleando con fantasmas de aufragadotes o n&aacute;ufragos, almas vagabundas que habitaban la isla por las noches y le quitaban el sue&ntilde;o. Acaso, &iquest;eran las historias que escuchaba antes de dormir, relatos de agon&iacute;as y arrepentimientos[4], que no hab&iacute;an tenido tiempo de escribir, ficciones que iban recorriendo sus noches y las de otros ni&ntilde;os so&ntilde;adores? Porque, &iquest;qui&eacute;n podr&iacute;a afirmar que era realmente el &uacute;nico en tener tales pesadillas? <br />En cuanto a los d&iacute;as en el colegio o en la calle, con su hermano Carlus, se los pasaba repitiendo las peleas y fechor&iacute;as de los bucaneros alados que poblaban sus noches. No pasaba un solo d&iacute;a sin un reto, sin un encuentro con las pandillas rivales, y a veces, no les sobraban las fuerzas para volver m&aacute;s o menos ilesos a casa, en efecto, los derechos de varec de los reto&ntilde;os de los raqueros, se hab&iacute;an transmitido de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n, en la isla de los Ladrones[5]&hellip;<br />El miedo, lo experiment&oacute; una noche de tormenta, cuando tuvo que remontar solito, al anochecer, el interminable callej&oacute;n des Jaulins, y que el viento del noroeste parec&iacute;a dar bofetones a todo lo que encontraba a su paso. La isla de los Ladrones, presa de las oleadas, vacilaba en sus s&iacute;smicas fundaciones, Iker ten&iacute;a que caminar solito hasta Rulong, a un kil&oacute;metro de la casa, por un callej&oacute;n espantoso. Parec&iacute;a un t&iacute;tere, con su lechera, y aquella noche, crey&oacute; volar. Caminando de vuelta, con el miedo y el viento encima, Iker se puso a volar literalmente, y tuvo la sensaci&oacute;n de alcanzar la calle Louis Barthou, sin pisar una sola vez el suelo, un poco como en aquellos sue&ntilde;os de prepotencia, en que algo nos lleva consigo, en una alfombra voladora, o en un pasillo rodante, en este caso&hellip;<br />Y adem&aacute;s estaba ese maldito libro que iba dando vueltas por su cabeza. Segu&iacute;a all&iacute; todas las noches, se entreve&iacute;a como en esos sue&ntilde;os que uno alcanza a ver justo al final, antes de despertar. Ve&iacute;a con claridad las p&aacute;ginas, los caracteres, no obstante no entend&iacute;a nada de esas galimat&iacute;as, esa cencerrada de palabras que iban desfilando con una velocidad alucinante ante sus ojos medio cerrados. Por supuesto, nunca habl&oacute; del tema con nadie, s&oacute;lo sus compa&ntilde;eros de dormitorio del internado de Rochefort, se enteraron de que todo lo que se le dec&iacute;a durante el d&iacute;a, lo impregnaba por la noche para surgir en sue&ntilde;os, en conflictos, y hasta en voces en lat&iacute;n, que, aunque suene extra&ntilde;o, &eacute;l nunca lo hab&iacute;a estudiado&hellip;<br />Eran esos s&iacute;ntomas las &uacute;nicas manifestaciones visibles o m&aacute;s bien audibles de su Libro, Iker, ya hecho un adulto, ansiaba saber algo m&aacute;s al respecto. Curs&oacute; psicolog&iacute;a para procurar circunscribir el problema, pero s&oacute;lo lo llevaron a callejones sin salida, a casos de escuela que no ten&iacute;an nada que ver con su estatuto de Hombre-Libro, de hombre habitado por un libro, que no logra descifrar y que lo transporta todas las noches hacia los sue&ntilde;os&hellip;<br />A duras penas se volvi&oacute; profesor en un colegio de los suburbios. Este libro-rollo que iba desfilando ante sus ojos nunca lo dejaba en paz. Obsesionado, su grabador &iacute;ntimo se llenaba de las peores endofasias. Su loquele ten&iacute;a toda la traza de un caso de esquizofrenia, y segu&iacute;a durmi&eacute;ndose todas las noches, con este libro indescifrable, los especialistas del sue&ntilde;o que lo atend&iacute;an no le brindaban soluciones concretas. &iquest;Qu&eacute; significaba pues ese pre-sue&ntilde;o en forma de rollo que lo catapultaba en los brazos de Morfeo?<br />Empez&oacute; a examinar con suma atenci&oacute;n los conocimientos cosmog&oacute;nicos de los amerindios. Descubri&oacute; que numerosas etnias usaban captadores de sue&ntilde;os en forma de tri&aacute;ngulo, constituidos por ramitas de mimbre, plumas y hierbas. Supo que el indio medita y masculla sus oraciones, se adue&ntilde;a de sus captadores y los coloca encima de su lecho, para filtrar los malos sue&ntilde;os&hellip;<br />A Iker le bastaron aquellas im&aacute;genes para ponerse a imitar estas pr&aacute;cticas rituales, para las cuales s&oacute;lo una larga preparaci&oacute;n y una fuerte auto convicci&oacute;n, permiten dar algunos resultados. Adem&aacute;s, no se trataba de bloquear pesadillas, esas se volvieron cada d&iacute;a m&aacute;s espor&aacute;dicas, sino descifrar un introductor libresco del sue&ntilde;o, cuya realidad se le escapaba. Por desgracia, por m&aacute;s que multiplicara los tri&aacute;ngulos tejidos con paciencia colgados de los cuatro v&eacute;rtices de su habitaci&oacute;n, ni un Algonquino habr&iacute;a reconocido en eso un captador de sue&ntilde;os&hellip;<br />Por lo tanto se orient&oacute; hacia la inform&aacute;tica dici&eacute;ndose que podr&iacute;a crear un logicial sacado del saber ancestral de los Algonquinos. Coloc&oacute; decenas de captadores chiquitos en forma de tri&aacute;ngulo en las sienes y en la cabeza, conectados con su computadora, manteniendo al mismo tiempo el decorado anterior. Todas las noches se acostaba esperando que el Libro aparezca por fin en la pantalla. Eso le ten&iacute;a la mente tan ocupada que un d&iacute;a se olvid&oacute; el cartapacio en la veranda de su apartamento, todo el d&iacute;a tuvo que improvisar sus clases, y se arrepinti&oacute; much&iacute;simo con tratar de inventar esa maldita m&aacute;quina&hellip;<br />Al d&iacute;a siguiente tiraba el mismo cartapacio en el contenedor de su edificio y recorri&oacute; m&aacute;s de un kil&oacute;metro hasta el centro de la ciudad con una bolsa de basura, menos mal que no pudo alcanzar el recinto del colegio suyo, donde sin duda sus alumnos lo habr&iacute;an llevado en hombros&hellip;<br />Iker estaba enfermo por esas experiencias que le imped&iacute;an gozar plenamente la vida, ni se atrev&iacute;a a dirigirse a las mujeres, y menos a sus colegas, de tanto miedo que le daba que descubrieran su secreto, se quedaba solito con ese libro, que lo habitaba y ahora esa m&aacute;quina de mierda que s&oacute;lo daba para unos garrapatos ininteligibles en la pantalla&hellip;<br />Le fueron necesarios como diez a&ntilde;os para que alcanzara su meta. De a poco, los microprocesadores grabaron esos extra&ntilde;os datos, y empezaron a desfilar palabras en la m&aacute;quina. Al comienzo eran s&oacute;lo eso: palabras sueltas. Pero el sistema fue mejorando y pudo, al fin, leer algo concreto&hellip;<br />Iker lleg&oacute; a leer por fin, cada ma&ntilde;ana al despertar, la rese&ntilde;a &iacute;ntegra de ese introductor del sue&ntilde;o que lo pon&iacute;a tan distra&iacute;do y medio loco. No le extra&ntilde;&oacute; en demas&iacute;a encontrar ah&iacute; las lenguas m&aacute;s extra&ntilde;as, algonquino desde luego pero tambi&eacute;n fino y dene-cauc&aacute;sico&hellip;<br />Emprendi&oacute; pues la labor de traducir todos aquellos textos que se le antojaban notables, encallados en la noche de los tiempos. Para su mayor sorpresa comprob&oacute; que se trataba de poemas que &eacute;l hab&iacute;a escrito, en su lengua desde luego. A esta altura del relato, falta mostrarle, al lector impaciente, unos pasajes del Libro descifrado.<br /><br />El origen colorado<br />de la vagina universal<br />de los moscovitas embriagados<br />de los amerindios masacrados<br />del liberalismo consagrado<br />de las palabras chasqueadas<br />como latigazos<br />de las palabras cantadas<br />en voz alta<br />que suenan en la garganta<br />y luego en la nariz<br />Palabras propulsadas<br />por la boca<br />quienes en mi hoja<br />se acuestan&hellip;<br />Preg&uacute;ntale al polvo<br />cu&aacute;les son sus secretos <br />briznas de Escritura<br />perdidas en el viento&hellip;<br /><br />[ ]Gracias diez mil a Carolina Orlando por sus pertinentes lecturas y correcciones<br />[2]Zapatillas de pa&ntilde;o de interior, pantuflas&hellip;<br />[3]No existe en espa&ntilde;ol un t&eacute;rmino para designar los &laquo; aufragadotes &raquo;: naufrageurs en franc&eacute;s, quienes por las noches de tormenta prend&iacute;an fuegos en las dunas de la isla de Oler&oacute;n y de otras costas, para desviar los barcos de su rumbo y asaltarlos de noche&hellip;<br />[4]Cuentan que una noche una mujer degoll&oacute; a su propio hijo naufragado, a la ma&ntilde;ana siguiente se enter&oacute; al echar el cuerpo al agua y se pas&oacute; el resto de su vida lament&aacute;ndose en la misma playa, llamada desde entonces: &ldquo;La playa de la arrepentida&rdquo;. En el libro m&iacute;o del cual saco esta novela corta, Le livre et autres d&eacute;livres, Par&iacute;s, Soci&eacute;t&eacute; des Ecrivains, marzo de 2006, una pieza hace eco al relato que est&aacute;n leyendo, se titula &ldquo;La playa de los lamentos&rdquo;&hellip;<br />[5]Una de las etimolog&iacute;as posibles en franc&eacute;s de Ol&eacute;ron: l&rsquo;&icirc;le aux larrons, la mayor isla de Francia, -excluyendo C&oacute;rcega-, en Charente Mar&iacute;timo, al norte de Burdeos y al sur de La Rochela, donde pas&eacute; los mejores a&ntilde;os de mi vida&hellip;<br />]]></description><pubDate>Thu, 12 Apr 2007 20:32:00 +0000</pubDate></item><item><title>Ra&#xFA;l Gonz&#xE1;lez Tu&#xF1;&#xF3;n &#x96; Argentina</title><link>https://letrasdelmundo.blogia.com/2007/041201-raul-gonzalez-tunon-argentina.php</link><guid isPermaLink="true">https://letrasdelmundo.blogia.com/2007/041201-raul-gonzalez-tunon-argentina.php</guid><description><![CDATA[<strong>Prohibido celebrar el Primero de Mayo<br /></strong><br />En la profunda soledad de las f&aacute;bricas grises<br />En la oscura herramienta silenciosa<br />En los quietos arados pensativos<br />En las minas que guardan el secreto del tiempo<br />En los puertos que esperan con las naves calladas<br />En los hangares p&aacute;lidos y el petr&oacute;leo cautivo<br />En el olor a bosque derramado de los aserraderos musicales<br />En la estaci&oacute;n que invaden las libres mariposas<br />En el bostezo de las fr&iacute;as oficinas<br />En el libro cerrado sobre la mesa familiar<br />En la l&aacute;mpara sola que alumbr&oacute; la vigilia<br />En los ni&ntilde;os que sue&ntilde;an con las islas distantes<br />En el canto que cantan los arrieros y el grillo<br />En la lluvia que hace nacer las azucenas<br />En el aire en el fuego en el agua en la tierra<br />Nosotros nos hacemos presentes con el d&iacute;a.<br />Nosotros los proscriptos miramos all&aacute; lejos<br />Donde la primavera perdida est&aacute; esperando<br /><br /><strong>El caballo muerto<br /></strong><br />Medianoche. Sobre las piedras<br />de la calzada, hay un caballo muerto.<br />A&uacute;n faltan cinco horas<br />para que venga el carro de "La &Uacute;nica"<br />&yuml; se lo lleve. Ese caballo viejo,<br />hedoroso de sangre coagulada,<br />ese pobre vencido, fue un obrero.<br />Un hermano del p&aacute;jaro. Un hermano del perro.<br />Fue el hermano caballo, que anduvo bajo el sol,<br />que anduvo bajo el agua, que anduvo entre los vientos,<br />tirando de los carros,<br />con los ojos cubiertos.<br />Fue el hermano caballo. Ninguno ir&aacute; a su entierro.<br /><br /><strong>Eche veinte centavos en la ranura<br /></strong><br />A pesar de la sala sucia y oscura<br />de gentes y de l&aacute;mparas luminosa<br />si quiere ver la vida color de rosa<br />eche veinte centavos en la ranura.<br />Y no ponga los ojos en esa hermosa<br />que frunce de promesas la boca impura.<br />Eche veinte centavos en la ranura<br />si quiere ver la vida color de rosa.<br />El dolor mata, amigo, la vida es dura,<br />eche veinte centavos en la ranura<br />si quiere ver la vida color de rosa.<br />[&hellip;]<br />Y no se inmute, amigo, la vida es dura,<br />con la filosof&iacute;a poco se goza.<br />Eche veinte centavos en la ranura<br />si quiere ver la vida color de rosa.<br /><br /><strong>La luna con gatillo <br /></strong><br />Es preciso que nos entendamos.<br />Yo hablo de algo seguro y de algo posible.<br />Seguro es que todos coman<br />y vivan dignamente<br />y es posible saber alg&uacute;n d&iacute;a<br />muchas cosas que hoy ignoramos.<br />Entonces, es necesario que esto cambie. <br />El carpintero ha hecho esta mesa<br />verdaderamente perfecta<br />donde se inclina la ni&ntilde;a dorada<br />y el celeste padre rezonga.<br />Un ebanista, un alba&ntilde;il,<br />un herrero, un zapatero,<br />tambi&eacute;n saben lo suyo. <br />El minero baja a la mina,<br />al fondo de la estrella muerta.<br />El campesino siembra y siega<br />la estrella ya resucitada.<br />Todo ser&iacute;a maravilloso<br />si cada cual viviera dignamente. <br />Un poema no es una mesa,<br />ni un pan,<br />ni un muro,<br />ni una silla,<br />ni una bota. <br />Con una mesa,<br />con un pan,<br />con un muro,<br />con una silla,<br />con una bota,<br />no se puede cambiar el mundo. <br />Con una carabina,<br />con un libro,<br />eso es posible. <br />&iquest;Comprend&eacute;is por qu&eacute;<br />el poeta y el soldado<br />pueden ser una misma cosa? <br />He marchado detr&aacute;s de los obreros l&uacute;cidos<br />y no me arrepiento.<br />Ellos saben lo que quieren<br />y yo quiero lo que ellos quieren:<br />la libertad, bien entendida. <br />El poeta es siempre poeta<br />pero es bueno que al fin comprenda<br />de una manera alegre y terrible<br />cu&aacute;nto mejor ser&iacute;a para todos<br />que esto cambiara. <br />Yo los segu&iacute;<br />y ellos me siguieron.<br />&iexcl;Ah&iacute; est&aacute; la cosa! <br />Cuando haya que lanzar la p&oacute;lvora<br />el hombre lanzar&aacute; la p&oacute;lvora.<br />Cuando haya que lanzar el libro<br />el hombre lanzar&aacute; el libro.<br />De la uni&oacute;n de la p&oacute;lvora y el libro<br />puede brotar la rosa m&aacute;s pura. <br />Digo al peque&ntilde;o cura<br />y al ateo de rebotica<br />y al ensayista,<br />al neutral,<br />al solemne<br />y al fr&iacute;volo,<br />al notario y a la corista,<br />al buen enterrador,<br />al silencioso vecino del tercero,<br />a mi amiga que toca el acorde&oacute;n:<br />-Mirad la mosca aplastada<br />bajo la campana de vidrio. <br />No quiero ser la mosca aplastada.<br />Tampoco tengo nada que ver con el mono.<br />No quiero ser abeja.<br />No quiero ser &uacute;nicamente cigarra.<br />Tampoco tengo nada que ver con el mono.<br />Yo soy un hombre o quiero ser un verdadero hombre<br />y no quiero ser, jam&aacute;s,<br />una mosca aplastada bajo la campana de vidrio. <br />Ni colmena, ni hormiguero,<br />no compar&eacute;is a los hombres<br />nada m&aacute;s que con los hombres. <br />Dadle al hombre todo lo que necesite.<br />Las pesas para pesar,<br />las medidas para medir,<br />el pan ganado altivamente,<br />la flor del aire,<br />el dolor aut&eacute;ntico,<br />la alegr&iacute;a sin una mancha. <br />Tengo derecho al vino,<br />al aceite, al Museo,<br />a la Enciclopedia Brit&aacute;nica,<br />a un lugar en el &oacute;mnibus,<br />a un parque abandonado,<br />a un muelle,<br />a una azucena,<br />a salir,<br />a quedarme,<br />a bailar sobre la piel<br />del &Uacute;ltimo Hombre Antiguo,<br />con mi esqueleto nuevo,<br />cubierto con piel nueva<br />de hombre flamante. <br />No puedo cruzarme de brazos<br />e interrogar ahora al vac&iacute;o.<br />Me rodean la indignidad<br />y el desprecio;<br />me amenazan la c&aacute;rcel y el hambre.<br />&iexcl;No me dejar&eacute; sobornar! <br />No. No se puede ser libre enteramente<br />ni estrictamente digno ahora<br />cuando el chacal est&aacute; a la puerta<br />esperando<br />que nuestra carne caiga, podrida. <br />Subir&eacute; al cielo,<br />le pondr&eacute; gatillo a la luna<br />y desde arriba fusilar&eacute; al mundo,<br />suavemente,<br />para que esto cambie de una vez. <br /><br /><strong>El poeta muri&oacute; al amanecer <br /></strong><br />Sin un c&eacute;ntimo, tal como vino al mundo, <br />muri&oacute; al fin, en la plaza, frente a la inquieta feria. <br />Velaron el cad&aacute;ver del dulce vagabundo <br />dos musas, las esperanza y la miseria. <br />Fue un poeta completo de su vida y de su obra. <br />Escribi&oacute; versos casi celestes, casi m&aacute;gicos, <br />de invenci&oacute;n verdadera, <br />y como hombre de su tiempo que era, <br />tambi&eacute;n ardientes cantos y poemas civiles <br />de esquinas y banderas. <br />Algunos, los m&aacute;s viejos, lo negaron de entrada. <br />Algunos, los m&aacute;s j&oacute;venes, lo negaron despu&eacute;s. <br />Hoy ir&aacute;n a su entierro cuatro buenos amigos, <br />los parroquianos del caf&eacute;, <br />los artistas del circo ambulante, <br />unos cuantos obreros, <br />un antiguo editor, <br />una hermosa mujer, <br />y ma&ntilde;ana, ma&ntilde;ana, <br />florecer&aacute; la tierra que caiga sobre &eacute;l. <br />Deja muy pocas cosas, libros, un Heine, un Whitman, <br />un Quevedo, un Dar&iacute;o, un Rimbaud, un Baudelaire, <br />un Schiller, un Bertrand, un B&eacute;cquer, un Machado, <br />versos de un ser querido que se fue antes que &eacute;l, <br />muchas cuentas impagas, un mapa, una veleta <br />y una antigua fragata dentro de una botella. <br />Los que le vieron dicen que muri&oacute; como un ni&ntilde;o. <br />Para &eacute;l fue la muerte como el &uacute;ltimo asombro. <br />Ten&iacute;a una estrella muerta sobre el pecho vencido, <br />y un p&aacute;jaro en el hombro. <br /><br />]]></description><pubDate>Thu, 12 Apr 2007 20:18:00 +0000</pubDate></item><item><title>Ernesto Fernando Iancilevich  - Argentina</title><link>https://letrasdelmundo.blogia.com/2007/013103-ernesto-fernando-iancilevich-argentina.php</link><guid isPermaLink="true">https://letrasdelmundo.blogia.com/2007/013103-ernesto-fernando-iancilevich-argentina.php</guid><description><![CDATA[<strong>La palabra<br /><br /></strong><p><strong>1.<br /></strong><br />En poes&iacute;a, el decir es un hacer. El decir del poema es el hacer de la palabra, movimiento centr&iacute;peto, actividad contemplativa que reconoce en la propia vida del poeta el material y la fragua, el atanor y la llama. Vivir que se expresa en el decir. Decir que es experiencia de vida. El decir, hacer de la palabra viva, expresa, en lo abierto del poema, lo abierto de la experiencia po&eacute;tica.<br />Palabra: esencia de la letra. Sentido: estructura del signo. Desde el punto de vista profano, la poes&iacute;a es un g&eacute;nero literario. Desde la perspectiva sagrada, la literatura es una especie de poes&iacute;a. Versi&oacute;n externa de lo m&uacute;ltiple y visi&oacute;n interna de lo &uacute;nico. Los desplazamientos sem&aacute;nticos corresponden a itinerarios espirituales: transgresi&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica y transmutaci&oacute;n po&eacute;tica.<br /><br /><strong>2.<br /></strong><br />Aun cuando apreciaciones metaf&iacute;sicas nos acerquen, espiritualmente, a su sentido, no menos cierto resulta admitir que la construcci&oacute;n de un poema exige el conocimiento y la pr&aacute;ctica de nociones t&eacute;cnicas, el dominio de la gram&aacute;tica y sintaxis, los c&aacute;nones de versificaci&oacute;n, el adecuado manejo de recursos estil&iacute;sticos y la asimilaci&oacute;n de un legado com&uacute;n, que permite al poeta de cada &eacute;poca el reconocimiento de un linaje tradicional en el cual, m&aacute;s que de paternidades e influencias, debiera hablarse de hermandades y confluencias. Desconocer esta realidad significar&iacute;a bogar por la mera espontaneidad, tan apartada del met&oacute;dico cultivo como la efusi&oacute;n emocional lo est&aacute; del recogimiento interior. En el arte y en la vida, el sentimiento estimula, y el sentimentalismo sofoca; lo sabe el poeta que burila, en los macizos del s&iacute;, cada palabra, y medita, en los huecos del no, cada pausa. <br />Con diferencias sutiles, no siempre claras ni distintas, la experiencia po&eacute;tica se emparenta con la m&iacute;stica. Por su expresi&oacute;n, la met&aacute;fora acerca, en lo visible, lo invisible, en esta orilla, la otra. De tal modo, se aprende en la palabra la ense&ntilde;anza del silencio. Ambos, m&iacute;stico y poeta, avanzan y regresan, sin saber, comprenden. Ninguno de ellos clausura el habla: la intima; y, en esa intimidad de lo abierto hacia adentro, palabra y silencio conversan. Conciencia divina y ciencia espiritual ponen al poeta y al m&iacute;stico en contacto con lo supraindividual, indeterminado y mist&eacute;rico, merced a una intuici&oacute;n intelectual que, necesaria y recursivamente, se vale de im&aacute;genes sensoriales, del erotismo verbal, para sugerir las formas sagradas del &eacute;xtasis. Acaso en el poeta, esas formas asuman la figura de la palabra originaria; en el m&iacute;stico, dibujan la plenitud de vac&iacute;o que habita el silencio. Como hermanos de un mismo padre, en un punto se separan. En el recuerdo de las palabras de H&ouml;lderlin, imaginamos su reencuentro: Die Linien des Lebens sind verschieden,/Wie Wege sind, und wie der Berge Grenzen./ Was hier wir sind, kann dort ein Gott erg&auml;nzen/ Mit Harmonien und ewigem Lohn und Frieden.<br />(Las l&iacute;neas de la vida son diversas, /como caminos son, como los l&iacute;mites/<br />que separan monta&ntilde;as. Lo que somos/ aqu&iacute; tal vez un Dios all&aacute; lo integre/<br />con armon&iacute;a y paz y eterno premio.)<br /><br /><strong>3.<br /></strong><br />La intensidad de la palabra, en el decir concentrado, nos remite al centro; tambi&eacute;n nos hace traspasar la periferia del lenguaje (y del mundo).<br />La poes&iacute;a llama a un decir concentrado, porque hace centro en la palabra: decir concentrado en la palabra esencial. M&aacute;s all&aacute; de las circunstancias hist&oacute;ricas por las que ha atravesado su manifestaci&oacute;n, epifan&iacute;a de la palabra. Porque nadie escribe un poema, nadie puede adue&ntilde;arse de &eacute;l. La poes&iacute;a escribe el poema, el poeta lo traduce, lo transmite. Apenas cincela lo que sobra, desnuda lo necesario. O lo intenta, y, en todo caso, lo dem&aacute;s no es su asunto. <br />En ese camino de regreso, aun en aquellos malabares ling&uuml;&iacute;sticos donde resulta arduo desbrozar el ornamento de la estructura, &iacute;ntimamente respira esa b&uacute;squeda profunda de la palabra que dice.<br />Por inconmensurable, no sabemos qu&eacute; es la poes&iacute;a, aunque la tentaci&oacute;n de definirla sobrevuele nuestras cabezas. Pero tenemos poemas y hay poetas. En los momentos de privilegio, unos y otros se conjugan, se entregan a lo inconmensurable. En esos instantes de santidad, la luz de un dios ilumina la oscuridad de la noche.<br />El poema nos ense&ntilde;a un camino. Su decir es un ir de camino. En nuestra &eacute;poca, y en el final de un ciclo, el poeta se esfuerza por ense&ntilde;ar el camino del habla, bajo los modos vitales del salto, la fuga o la entrega. <br />En los extremos de la palabra, donde se palpa el silencio, habla el pensar. Por fuera, en la periferia de sus bordes, todo es un conjunto de grados del olvido. <br />El poema es playa verbal, huella sustancial, palabra del viento. En &eacute;l, ser y no-ser se contemplan; nada hay en su cruce que no sea mirada. Una mirada en la mirada, que funda presencia, all&iacute;, donde todo es ausencia.<br />Poema de la poes&iacute;a, avatar en el decir concentrado. Experiencia y expresi&oacute;n fundidas en la palabra intensa del decir concentrado. Sonido del sentido, pensar y hablar se identifican, saber y sentir se penetran, decir y hacer se transparentan. En los momentos m&aacute;s intensos del lenguaje, el pensar habla y la palabra piensa. <br /><br /><strong>4.<br /></strong><br />El poema busca la palabra necesaria. Un artificio hecho de otras palabras circunstanciales y l&aacute;biles sostiene esa arquitectura esencial &uacute;nica e insustituible. De otro modo, el poema se ahondar&iacute;a en una verticalidad sin forma ni figura, y no habr&iacute;a texto. La redacci&oacute;n de un poema, su art&iacute;ficis, sit&uacute;a al poeta en el balanceo de lo posible y lo imposible. El soporte material de la palabra necesaria lo constituye todo ese conjunto de t&eacute;cnicas recursivas con las que hilvana, traduce y transmite, en principio, a s&iacute; mismo, luego, a otros, una experiencia no comprendida del todo, una v&iacute;vida percepci&oacute;n de lo real que no puede explicar: percibir lo invisible para decir lo inefable. Lo imposible adentra y desborda lo posible; en su incompletitud, el texto se abre a lo no determinado. <br />Pero un texto se redacta con palabras humanas, ep&iacute;gonos de la palabra esencial, reminiscencias, anamnesis de im&aacute;genes especulares, se&ntilde;as que muestran, as&iacute; como ocultan, el camino a lo abierto, cerrado en la secreta guarda de lo pleno.<br />El poema, adem&aacute;s de artificio, habilita una contemplaci&oacute;n de la verdad. Si algo de aut&eacute;ntico valor se descubre en &eacute;l no es sino el de la escucha po&eacute;tica en la voz que el poeta le presta, como sost&eacute;n que la referencia. Sin este andamiaje material, no habr&iacute;a poema. Ello acontece en el arte, y lo sabe el artista. El lenguaje verbal, de entre todos los que habita el hombre, es el que m&aacute;s austeramente lo habilita para sentar la costumbre o transgredirla, rotular l&iacute;mites o roturarlos, conservar o crear, cerrar o abrirse. <br />Sin devaluarse en lo nuevo, la palabra que ilumina anuncia lo antiguo: el habla es el demiurgo de la noche. <br /><br /><strong>5. <br /></strong><br />Los primeros pensadores de Occidente nos sumergen en la tradici&oacute;n de una sabidur&iacute;a supraindividual, anterior en grado sumo, perenne en grado absoluto. Si el no-ser sostiene el ser, en los macizos de la manifestaci&oacute;n de lo griego podemos vislumbrar aquello que le excede, aquello que no es Occidente, pero que, de manera gestante, provoca lo griego y el pensar de Occidente. En los huecos del no-ser, en la otra orilla de la manifestaci&oacute;n, el pensar alcanza su origen, tambi&eacute;n su destino. El c&iacute;rculo &ndash;forma sagrada por excelencia- se patentiza en una l&iacute;nea que avanza cuando regresa. Los ritos circulares, siempre cerrados a los ojos profanos, se abren hacia adentro. En la guarda de lo cerrado, hay lo abierto. En intimidad con lo abierto, la ausencia transustancia presencia. <br />En poes&iacute;a, a falta de cualquier definici&oacute;n v&aacute;lida, su comprensi&oacute;n &iacute;ntima nos viene de una experiencia de lo abierto. Reconocemos la palabra como c&aacute;liz de silencio, presencia de lo que est&aacute; ausente. Y percibimos el habla como met&aacute;fora de realidad. Lejos de pretender constituirse otredad, la palabra po&eacute;tica ensimisma el habla en su naturaleza metaf&oacute;rica. Por ello, no resultar&iacute;a err&oacute;neo afirmar que la met&aacute;fora ba&ntilde;a en sus aguas tanto a la palabra como al pensar. Por su gracia, la palabra po&eacute;tica y la po&eacute;tica del pensar se contemplan. Poetizar y pensar dicen, en cuanto se contemplan. <br />El giro ontol&oacute;gico de un pensador vuelto a la poes&iacute;a no desmiente el pensar, lo confirma. Antes de Heidegger, lo supo Nietzsche.<br /><br /><em>H&ouml;lderlin, Johann Christian Friedrich. Himnos tard&iacute;os y otros poemas /<br />Selecci&oacute;n, traducci&oacute;n y pr&oacute;logo de Norberto Silvetti Paz. &ndash; Buenos Aires : Sudamericana, 1972. &ndash; 205 p. &ndash; (Colecci&oacute;n Obras Maestras Fondo Nacional de las Artes)<br /></em></p>]]></description><pubDate>Wed, 31 Jan 2007 12:07:00 +0000</pubDate></item><item><title>Patricia Su&#xE1;rez - Argentina</title><link>https://letrasdelmundo.blogia.com/2007/013102-patricia-suarez-argentina.php</link><guid isPermaLink="true">https://letrasdelmundo.blogia.com/2007/013102-patricia-suarez-argentina.php</guid><description><![CDATA[<strong>BLAV </strong>(Azulada)<br /><br /><p><em>El coraz&oacute;n, si pudiese pensar, se parar&iacute;a.<br />Fernando Pessoa<br /></em><br />Rosa le avis&oacute; que el Viejo hab&iacute;a muerto; cuando lo encontraron estaba tirado de bruces junto al hornillo, se hab&iacute;a roto la crisma qui&eacute;n sabe cu&aacute;nto tiempo atr&aacute;s, explic&oacute;, una semana o quince d&iacute;as tal vez, ahora hab&iacute;a un m&eacute;dico forense encargado de averiguar eso, m&aacute;s por amor a la ciencia que por el Viejo; a ella la hab&iacute;an llamado del pueblo e inmediatamente el beb&eacute; de ocho meses en su barriga se revolvi&oacute; y dio una vuelta completa y ella tuvo que apoyarse contra la pared para o&iacute;r la noticia por entero y no caerse de espaldas. La casa estaba sellada, le dijeron, nadie hab&iacute;a tocado nada del interior, y Rosa se hab&iacute;a comprometido a telefonear a sus hermanos, a ella (Ll&uacute;cia), y al Oso (llam&oacute; a Eladi "el Oso" como cuando eran ni&ntilde;as); pero eran ellas dos, la conmin&oacute;, las mujeres, las que deb&iacute;an marchar a la casa inmediatamente, e inmediatamente significaba, sobre todo, antes de enterar a Eladi (dado que era de una mezquindad proverbial y nada repartir&iacute;a con ellas), y rebuscar la hucha o la bolsa adonde el Viejo ven&iacute;a metiendo los ahorros m&aacute;s o menos desde que enviud&oacute; o bien desde que el mundo era mundo, las pesetas o el oro deb&iacute;an estar entre los enseres y en lo que pudiera haber de hueco en las paredes, porque el Viejo era muy capaz de haberlo tapiado, nada m&aacute;s que para dejarlos a ellos tres rabiando y echando espuma por la boca: nunca los hab&iacute;a querido. <br />Ante su silencio Rosa acab&oacute; por preguntarle: &iquest;Qu&eacute;? &iquest;Te condueles?, y luego: &iquest;Qu&eacute;, Ll&uacute;cia? &iquest;Te alegras?<br />Cogieron el autocar de las ocho, las campanas del Ayuntamiento estaban sonando cuando subieron: con un poco de suerte para el camino llegar&iacute;an a Barcelona pasada la medianoche y luego rentar&iacute;an un coche para llegarse hasta Sant Celoni o directamente hasta Arb&uacute;cies. Si mal no recordaba Rosa, hab&iacute;a en el pueblo dos hostales: uno muy bonito, y el otro para pasajeros como ellas, de una sola noche y por una sola cosa: podr&iacute;an dormir all&iacute; muy tranquilamente. Rosa prefiri&oacute; el asiento del lado de la ventanilla, para ver paisaje y distraerse, pero luego se arrepinti&oacute; y lo cambi&oacute; a su hermana; el ni&ntilde;o, explic&oacute;, la ten&iacute;a a mal traer y hab&iacute;a estado enferma todo el embarazo: s&oacute;lo por acabar con las indisposiciones habr&iacute;a deseado ella parir de una buena vez, l&aacute;stima que tuviera tanto miedo del parto. Llegada la v&iacute;spera del parto, dar&iacute;a las nueve vueltas en torno a la Virgen de la Cadira, tal como se estilaba y como, seg&uacute;n ella sab&iacute;a, las hab&iacute;a dado la madre. Afuera, el sol se hab&iacute;a metido hac&iacute;a apenas una media hora, y ambas hermanas lamentaron entonces que no podr&iacute;an ver la transici&oacute;n que hac&iacute;a el paisaje: la brillantez de Valencia, extendi&eacute;ndose quiz&aacute; hasta el Ebro o hasta Pe&ntilde;&iacute;scola, y luego el verde, ese verde que ambas denominaban catal&aacute;n. Entonces vendr&iacute;an los chopos agrupados como milicianos dirigi&eacute;ndose a una juerga, o como bandidos enfilados para asaltar el Banco, uno tras otro, uno tras otro, sin pausa ni cuento... Rosa la interrumpi&oacute; y dijo, sin dejar de masajearse la barriga en redondo en el sentido contrario a las agujas del reloj, para que si el beb&eacute; era ni&ntilde;o se arrepintiera y naciera ni&ntilde;a: estaban las piedras tambi&eacute;n, &iquest;recuerdas las piedras, Ll&uacute;cia? Fuera, hab&iacute;an salido cuatro estrellas, como cuatro velas, y titilaban. El anillo de bodas de nuestra madre y su dije de esmeralda y la cadena... <br />El Viejo adorn&oacute; a la madre con la esmeralda el d&iacute;a de la boda; la madre ten&iacute;a un cuello muy largo y blanco, de garza, y la piedra colgaba en el inicio entre los dos pechos y se balanceaba all&iacute;, le hac&iacute;a tomar a la madre un poco el aire de un reloj de p&eacute;ndulo que bate la hora, balance&aacute;ndose siempre entre dos causas: la soledad o la compa&ntilde;&iacute;a y el Viejo o los hijos. El anillo se lo coloc&oacute; el Viejo en el servicio religioso: los dedos de la madre eran delicados y muy finos: se le hab&iacute;an estrechado as&iacute;, dec&iacute;a ella, de tanto bordar con bolillo. Dentro del anillo hab&iacute;a una inscripci&oacute;n con sus nombres ligados: Ambr&oacute;s y Socors, la letra ese del final del nombre del Viejo era la misma que daba inicio al nombre de la madre; a ella, a Ll&uacute;cia, este escrito le pareci&oacute; casi una aberraci&oacute;n. Rosa, en cambio, chup&oacute; y mordi&oacute; el anillo, que le supo a oro y dijo por lo bajo que no era capaz de creer que ese Viejo rid&iacute;culo y mezquino fuera a regalar algo costoso y bueno. Los hijos mayores no le perdonaban a la madre su deseo de volver a casarse: aun estaba caliente el padre en su tumba, tanto que parec&iacute;a que lo hab&iacute;an enterrado vivo, dec&iacute;a Rosa no sin cierta afici&oacute;n por lo macabro. No soportaban tampoco la mudanza, pasar de Matar&oacute; a la casa en las lindes de Arb&uacute;cies era para ellos como beber un vino hecho con alacranes exprimidos. El Viejo hab&iacute;a regalado para la boda tambi&eacute;n a la madre unos zapatos de ante (aunque ella clamaba feliz que era como calzar p&eacute;talos de rosa), con hebillas doradas, cuyos tacones cruj&iacute;an al andar y daban la sensaci&oacute;n de que ella caminaba de un lado a otro aplastando serpientes y dem&aacute;s alima&ntilde;as. Las mataba, por as&iacute; decir, y luego se las serv&iacute;a en un caldo a los hijos. El Viejo explicaba que si no fuera por la clase de besos insensatos que la madre le daba, no hubiera sido necesario hacer el viaje de novios en los vagones-dormitorio y gastar tanto dinero, y Eladi para sus adentros deseaba que le tocara al Viejo la litera superior, as&iacute;, al revolverse en el sue&ntilde;o ca&iacute;a y se part&iacute;a el pescuezo: no sospechaba el inocente Eladi que la madre y el Viejo podr&iacute;an dormirse abrazados toda la noche, esta clase de cosas s&oacute;lo comenz&oacute; a pasar por su mente cuando los compa&ntilde;eros del colegio pintaban dibujos obscenos en las paredes, de mujeres con las piernas muy abiertas y un cartel encima de may&uacute;sculas mal entrazadas: "la viuda Parrufat mil veces casada", "la viuda alegre" o bien "la madre de Eladi Parrufat". Cuando regresaron del viaje de novios, la madre trajo en recuerdo unos cuantos presentes para todos, presentes que fueron inmediatamente a parar a la letrina, como signo de desprecio. El Viejo llam&oacute; aparte a Ll&uacute;cia esa vez, era de noche y le entreg&oacute; un regalo que hab&iacute;a comprado, as&iacute; dijo, especialmente pensando en ella: un abanico de encaje negro para uso de ni&ntilde;as como ella, de siete a&ntilde;os. Estaban bajo los chopos, y ella miraba hacia el lado donde el d&iacute;a anterior hab&iacute;a visto andar a unas perdices y de las que esperaba hacerse amiga, mientras el Viejo la miraba clavando en ella sus ojos de duende, un poco verdes y un poco amarillentos. Ella agradeci&oacute; en silencio -ella un poco lo tem&iacute;a- y &eacute;l mostr&oacute; c&oacute;mo en la varilla de &eacute;bano hab&iacute;a hecho grabar su nombre y el del Viejo unidos ambos por la letra a; luego el Viejo le pidi&oacute; que se abanicara, como har&iacute;a una muchacha grande, muy maja, de esas que se enredan el cabello en una sola trenza larga, muy larga y muy negra. Los d&iacute;as en la casa se trasuntaban en cuidar de las ovejas, de la cerda y en vigilar unos modestos vi&ntilde;edos que al cabo de un tiempo se empestaron de mildiu y hubo que ponerles fuego. El Viejo hab&iacute;a tratado por todos los medios que los ni&ntilde;os no se encari&ntilde;aran con los animales, pero el Eladi le hab&iacute;a tomado afecto a los cochinillos y cuando lleg&oacute; el veraz momento de venderlos o degollarlos la casa se volvi&oacute; una guerra constante. El ni&ntilde;o enflaquec&iacute;a a ojos vista, y se deshac&iacute;a en sollozos durante la noche; la madre envuelta en una bata de falsa seda acud&iacute;a al cuarto para consolarlo y para preguntarle por qu&eacute; se obstinaba en malograrle el matrimonio y le quitaba a sus noches el sue&ntilde;o; a lo que Eladi -ya entonces tan crecido a pesar de sus diez a&ntilde;os que hab&iacute;an comenzado a llamarlo el Oso- le respondi&oacute; que era ella la que le quitaba el sue&ntilde;o al hijo, con todos los ruidos y las indecencias que ocurr&iacute;an durante la noche en el cuarto con el Viejo, que parec&iacute;a que la estuvieran matando. La madre, con pesadumbre o sin ella, con verg&uuml;enza o sin ella, envi&oacute; al ni&ntilde;o a un internado en Madrid, a un colegio de curas comprensivos que aconsej&oacute; y pag&oacute; el Viejo, dado que la madre hab&iacute;a abandonado toda religi&oacute;n desde la muerte de su primer marido, y quiz&aacute; por eso se hab&iacute;a venido un poco como una diablesa. El Oso volv&iacute;a entonces a la casa una vez por a&ntilde;o, para las Navidades, ceniciento y ahusado, como consumido por un solo pensamiento o alimentado exclusivamente con madro&ntilde;os; renegaba del catal&aacute;n y ya no hablaba una sola palabra en la lengua materna, igual que si hubiera sufrido una operaci&oacute;n en alg&uacute;n l&oacute;bulo del cerebro; durante la cena de Nochebuena jam&aacute;s probaba sidra ni vino, como si hubiera sido un hombre santo, luego se marchaba sin decir adi&oacute;s (adeu) y ni siquiera para las vacaciones daba se&ntilde;ales de su existencia, sino que pasaba los julios en la finca que un se&ntilde;orito rico ten&iacute;a en el sur, un muchachito sevillano con quien hab&iacute;a entrado en amistades. Hubo que obligar al Oso a asistir al entierro de la madre, cuando ella falleci&oacute; cuatro a&ntilde;os despu&eacute;s, fregando los reto&ntilde;os de una nueva vi&ntilde;a con un fermento y le fall&oacute; el coraz&oacute;n. Compr&oacute; el Viejo ropas negras para luto riguroso de las ni&ntilde;as (los vestidos, los zapatos, la chaqueta, las medias, las enaguas y los visos), de modo que en los veranos siguientes las ni&ntilde;as ten&iacute;an pr&aacute;cticamente la piel entintada de tanto vestir ropa negra. &Eacute;l mismo us&oacute; brazalete de duelo el resto de sus d&iacute;as, a tal punto que parec&iacute;a formar parte ya de su propio cuerpo, un miembro m&aacute;s o una se&ntilde;al, como la mancha en forma de haba que ten&iacute;a en la mejilla derecha o la cicatriz que le atravesaba la mu&ntilde;eca izquierda y que era para Ll&uacute;cia el signo de un misterio, de una oscuridad en el lejano pasado del Viejo. &Eacute;l enterr&oacute; a la madre con sus joyas, o al menos eso anunci&oacute; que har&iacute;a y as&iacute; la velaron, la madre engalanada como aquel d&iacute;a de sus segundas nupcias; pero antes de clavar el ata&uacute;d pidi&oacute; &eacute;l unos segundos para quedarse a solas con la muerta a fin de despedirse y entonces fue, seg&uacute;n Rosa, cuando &eacute;l sustrajo las joyas de la madre para guardarlas en el arc&oacute;n de su avaricia, un arc&oacute;n donde toda rendija estaba cubierta con trapo, para que por all&iacute; no pudiera jam&aacute;s colarse una sola gota de misericordia... <br />...el anillo y el dije con la esmeralda y la cadena...<br />De a ratos, acerc&aacute;ndose a Castell&oacute;n, ve&iacute;an retazos de mar; era un mar cuyas aguas se ve&iacute;an la mayor&iacute;a de las veces, verde; al refrescar, azuladas, y de cuando en cuando, viol&aacute;ceas. Ahora, sin embargo, estaban negras. Una luna llena como el rostro de un ni&ntilde;o o mejor a&uacute;n, como el rostro de un muerto esperando a reencarnar en un ni&ntilde;o, daba de lleno sobre el campo, iluminando el vell&oacute;n de algunas ovejas solitarias que vaya uno a saber por qu&eacute; andaban a esas horas pastando como unas hu&eacute;rfanas. Rosa le pregunt&oacute;: &iquest;Dormir&aacute;s?, y ella neg&oacute;; entonces aprovech&oacute; la ocasi&oacute;n para consultarle qu&eacute; cre&iacute;a Ll&uacute;cia que ir&iacute;a a parir ella dado que en las pruebas que le hab&iacute;an hecho el beb&eacute; aparec&iacute;a con el cord&oacute;n umbilical entre las piernas, de manera que no pod&iacute;a verse el sexo, si era ni&ntilde;o o ni&ntilde;a, y esta era una duda que de verdad la preocupaba. Le hab&iacute;an dicho que para hacer una ni&ntilde;a deb&iacute;a hacer el amor repetidas veces cada noche, entonces los espermatozoides se debilitaban y &uacute;nicamente pod&iacute;an fecundar ni&ntilde;as y no varones; tambi&eacute;n, que no probara alubias rojas si quer&iacute;a parir hembras: se trataban ambas, a todas luces, de unas supercher&iacute;as cualesquiera. Ll&uacute;cia se sinti&oacute; tentada de repetirle aquellas palabras -para ella misteriosas- que una vez le escuchara al Viejo: T&uacute;, Rosa, parir&aacute;s potrillos, pero call&oacute;. Me gustar&iacute;a, continu&oacute; Rosa, que fuera ni&ntilde;a y que tuviera tus ojos, pero que fuera m&aacute;s habladora que t&uacute;, (&iquest;hab&iacute;a hecho Rosa este viaje con ella con la esperanza de hablarle sobre algo? &iquest;o es que era ella demasiado silenciosa? A veces, pasaba por trances en que no pod&iacute;a pronunciar una palabra, la lengua se le pegaba al paladar, y otras veces, en cambio, estos silencios la tomaban de s&uacute;bito, como si un rayo la atravesara, y ella dejaba caer en ese instante lo que ten&iacute;a en las manos, tal como le hab&iacute;a sucedido cuando la Rosa le avis&oacute; de la muerte del Viejo, que las pelucas que en aquel momento estaba peinando se le cayeron de las manos y quedaron en los suelos, esparcidas como medusas que un mar rabioso arrojara a la playa; a pesar de su silencio, ella tambi&eacute;n hab&iacute;a deseado viajar en autocar junto a la hermana mayor; eran dos cosas las que as&iacute; se saboreaban: la cercan&iacute;a de Rosa y la de la tierra). Ll&uacute;cia tuvo ganas de decirle: Venga, Rosa: te sostendr&eacute; la mano sobre el vientre hasta que empiece a dar patadas; pero tal intimidad con su hermana la incomodaba, de manera que s&oacute;lo por el placer de provocarla murmur&oacute;: Yo apuesto a que ser&aacute; ni&ntilde;o, &iquest;por qu&eacute; no quieres un ni&ntilde;o, Rosa? Dar&iacute;as gusto a tu marido. Tal vez los beb&eacute;s cuando nacen no saben nada, pero traen tres se&ntilde;ales inconfundibles, sol&iacute;a decir el Viejo: nacen llorando, porque saben que vienen a una vivienda adonde siempre han de vivir con pesar y dolor; nacen temblando, puesto que saben que vienen a morada adonde han de vivir siempre entre temores y espantos; y nacen con las manos cerradas, queriendo significar que vienen a sitio adonde han de vivir siempre codiciando m&aacute;s de lo que se pueda tener, y que nunca se podr&aacute; tener all&iacute; ning&uacute;n abasto acabado. &iexcl;Un ni&ntilde;o, un ni&ntilde;o!, gimi&oacute; la otra, qu&eacute; desgracia. El marido estaba m&aacute;s celoso de ella desde que estaba en estado que si hubiera tenido uno o media docena de amantes zumb&aacute;ndole atr&aacute;s. &iquest;Adem&aacute;s conoc&iacute;a Ll&uacute;cia un solo beb&eacute; var&oacute;n que fuera agradable y no estuviera marcado por la locura? Si hasta el Ni&ntilde;o Jes&uacute;s era un beb&eacute; loco, &iquest;o qu&eacute; se cre&iacute;a ella? &iquest;que era un ni&ntilde;o cuerdo? Si hubiera sido Jes&uacute;s un beb&eacute; normal, Sime&oacute;n y Ana nunca hubieran sabido que era el Salvador de Jerusal&eacute;n, sino que como Jes&uacute;s ten&iacute;a encima la marca y los br&iacute;os de la locura, sac&oacute; de quicio de tal forma a Sime&oacute;n y a la anciana Ana que acabaron diciendo que ese beb&eacute; extra&ntilde;&iacute;simo ser&iacute;a la absoluta salvaci&oacute;n o bien la perdici&oacute;n de Israel. Ll&uacute;cia pregunt&oacute;: &iquest;Eso lo has le&iacute;do en el Evangelio?; a lo que su hermana contest&oacute;, masaje&aacute;ndose con m&aacute;s denuedo la barriga: No s&eacute;; no estoy muy segura. El autocar se detuvo al cruzar el Ebro; ellas pensaron que hab&iacute;a sucedido alg&uacute;n accidente o que la polic&iacute;a los hab&iacute;a parado... A los pocos minutos volvi&oacute; a arrancar, y entonces, tanto Rosa como Ll&uacute;cia supusieron que el ch&oacute;fer hab&iacute;a parado nada m&aacute;s que para admirar la apostura del r&iacute;o, tan semejante a una sirena tendida de espaldas y de quien uno sabe que est&aacute; viva porque ve sus om&oacute;platos subir y bajar en una respiraci&oacute;n tranquila. <br />De pronto Rosa pregunt&oacute;: &iquest;T&uacute; le llamabas "padre"?<br />...&eacute;l la llamaba Blava, azulada, porque sus ojos eran azules, la &uacute;nica cosa verdaderamente bonita de su cuerpo, eran del color del lapizl&aacute;zuli, &eacute;se con el que los pintores de antiguo hac&iacute;an el vestido de la Dolorosa en el momento de descolgar de la cruz al Cristo. Era la &uacute;nica que ten&iacute;a ojos as&iacute; en la familia, aparte de su madre; de all&iacute; que cuando la Rosa a los diecinueve a&ntilde;os, m&aacute;s d&iacute;scola que nunca, se fue de la casa en un arrebato de ira tras un episodio con el Viejo que ella no pudo descifrar, el Viejo le dijo a Ll&uacute;cia que &eacute;l ten&iacute;a luz mientras ella estuviera en la casa, que ella era su luz, la verdadera: una luz azul, incandescente. Ella qued&oacute; sola con el Viejo a la edad de doce a&ntilde;os, pero no recordaba haberse aburrido con &eacute;l en ning&uacute;n momento; el primer verano que pasaron solos &eacute;l la ense&ntilde;&oacute; a cazar, usando un viejo rifle belga que ten&iacute;a, apuntaban a los patos salvajes que cruzaban el Montsenny con aire sombr&iacute;o y a veces derribaban alguno, luego el perro los iba a buscar, un lebrel hosco y del color de la bruma al que el Viejo hab&iacute;a entrenado cuidadosamente para que no mordiera la presa al llevarla al amo: se trataba de un perro harto respetuoso, en eso era semejante a una persona. En el invierno, &eacute;l inventaba mil juegos misteriosos, y se quedaban hasta muy tarde, obligando a la l&aacute;mpara a quemar petr&oacute;leo, ella leyendo una y otra vez los romances del Conde Ni&ntilde;o, de la Amiga de Bernal Franc&eacute;s o el de Gerineldo y la Infanta, que era el &uacute;nico libro que hab&iacute;a en la casa; el Bernal Franc&eacute;s estampado como el Caballo de Oros de la baraja y su amiga cubierta con un sayo y una mantilla que apenas dejaba ver sus ojos, con una flor en la mano derecha, descans&aacute;ndola sobre un vientre hinchado. Durante esas noches, el Viejo escrib&iacute;a en un cuaderno que ella no podr&iacute;a afirmar si se trataba de un diario &iacute;ntimo o de un libro de la contabilidad de la casa; se esmeraba, explicaba &eacute;l, en escribir en una lengua que todos dicen que se muere: luego que pas&oacute; aquello de la mula el Viejo quem&oacute; el cuaderno y se contentaba durante el apret&oacute;n del fr&iacute;o del invierno en contemplar la nieve, cuando la hab&iacute;a, y en imaginar c&oacute;mo los copos de nieve iban desliz&aacute;ndose, m&aacute;s all&aacute;, en la Fortaleza de Hostalric o en la Torre de Arar&aacute;: &eacute;l dec&iacute;a que la nieve no ca&iacute;a sino que se desmayaba. Cuando ella mediaba los quince a&ntilde;os, el Viejo sac&oacute; del arc&oacute;n un librillo llamado el Or&aacute;culo de los Preguntones, que hab&iacute;a pertenecido a un pariente y que les permiti&oacute; divertirse un tiempo. El juego consist&iacute;a en hacer alguna de las veinticuatro preguntas que estaban pautadas all&iacute; y luego echar un dado de doce puntos: seg&uacute;n el n&uacute;mero aparecido se calculaba la respuesta. El Viejo sol&iacute;a preguntar: &iquest;Llegar&eacute; yo a ser rico?, y la respuesta siempre ca&iacute;a sobre el mismo punto, como si hubiera realmente algo de cierto en el azar, el siete de Saturno dec&iacute;a: Tu codicia disparata;/ has nacido para pobre,/ y te quedar&aacute;s en cobre,/ sin llegar jam&aacute;s a plata. Entonces el Viejo o re&iacute;a o se lamentaba y ella le hac&iacute;a coro, porque el Viejo le hab&iacute;a dicho que eran muy pobres los dos y que todo el dinero que hab&iacute;a en la casa se iba en pagarle al Oso el colegio mayor. Fue entonces que a ella se le ocurri&oacute; ayudarlo de alguna manera mejor que priv&aacute;ndose de galas y gastos, y comenz&oacute; a acudir a los mercadillos vendiendo queso de oveja y conejo enfrascado, montaba ella en una mula azul (blava) que ten&iacute;a fama de mansa; las mujeres en el mercado la ayudaban luego y la aconsejaban que deb&iacute;a ella buscarse otro sitio adonde vivir que no era de buen ver la casa del Viejo avaro, que la ten&iacute;a vestida con andrajos negros no se sab&iacute;a bien si por puro taca&ntilde;o que era o para entreverle la esplendidez de las carnes; pero ella respond&iacute;a que se sent&iacute;a a gusto con &eacute;l, al fin y al cabo &eacute;l era su padre (pero ella dentro de la casa lo llamaba Ambr&oacute;s; &eacute;l as&iacute; se lo hab&iacute;a pedido), entonces las mujeres la miraban con recelo. No era mucho lo que ganaba con esta tarea pero al tiempo al Viejo dej&oacute; de gustarle lo que ella hac&iacute;a, y le armaba esc&aacute;ndalos como los que ella hab&iacute;a visto que le hac&iacute;a a Rosa en su tiempo. De manera que la &uacute;ltima vez que ella se dirigi&oacute; al mercadillo, cuando mont&oacute; la mula, &eacute;l la azuz&oacute; rabioso con una ca&ntilde;a y la mula (la Blava) se par&oacute; en dos patas como nunca lo hab&iacute;a hecho y como jam&aacute;s pensaron que pudiera hacerlo y la lanz&oacute; de lleno contra unos arbustos. Ella cay&oacute; desmayada (como la nieve) y sin sentido, el Viejo sucumbi&oacute; a la desesperaci&oacute;n por unos instantes pero despu&eacute;s se puso a reanimarla: la resucit&oacute;, dec&iacute;a ella, como Santo Domingo hizo con el joven Napole&oacute;n Orsini ca&iacute;do de su caballo. &Eacute;l la friccion&oacute; con alcohol (y con l&aacute;grimas), le desabroch&oacute; el vestido de medio luto (porque en esto segu&iacute;a siendo inflexible: luto entero en invierno por la Socors y medio luto en verano) y la llev&oacute; a la cama, adonde &eacute;l mismo se tendi&oacute; y permaneci&oacute; junto a ella sin moverse de all&iacute; un &aacute;pice hasta que ella estuvo repuesta, viva (blava) como &eacute;l la quer&iacute;a. Le prohibi&oacute;, alegando el enorme susto que le hab&iacute;a dado, que volviera al mercado o a montar, ni siquiera que saliera de la casa o que se asomara a la ventana si &eacute;l no estaba con ella; ella le gritaba que la hab&iacute;a hecho su prisionera y &eacute;l gem&iacute;a que ella lo hab&iacute;a convertido en su esclavo. &iquest;Era esta su nueva vida? Acababa de cumplir diecisiete a&ntilde;os, &iquest;era esta la vida que &eacute;l le dar&iacute;a? El Viejo le hab&iacute;a prometido que en cuanto fuera rico o al menos en cuanto tuviera una poca m&aacute;s de pasta, la har&iacute;a viajar por toda la Espa&ntilde;a: ahora ca&iacute;a ella en la cuenta que &eacute;l se hab&iacute;a referido a que &eacute;l viajar&iacute;a junto ella, &iquest;y en calidad de qu&eacute; (de blava) lo har&iacute;a?: ella estar&iacute;a all&iacute; con &eacute;l m&aacute;s celada que con un moro: se hubiera deshecho en llanto de desespero si en ese instante no la hubiera anulado el silencio. Varias noches despu&eacute;s so&ntilde;&oacute; que sus harapos negros eran en realidad vestidos de seda blanca, y que en su cuello destacaba el dije con la esmeralda y la cadena, el anillo en su anular y un hedor como de tierra h&uacute;meda alrededor suyo la asediaba... El Viejo, a su lado, se remov&iacute;a dormido: no oy&oacute; los pasos de Ll&uacute;cia cuando se march&oacute; de la casa y ella fue incapaz de despertarlo para decirle adi&oacute;s (adeu, Ambr&oacute;s; adeu, pare). <br />Una vez le hab&iacute;a preguntado por qu&eacute; se hab&iacute;a casado siendo ya un hombre viejo, y &eacute;l le respondi&oacute; que hab&iacute;a sido porque no se est&aacute; bien en mesa donde no hay por lo menos cuatro personas; pero ella record&oacute; que en el pueblo se dec&iacute;a que el Viejo hab&iacute;a vuelto a casar porque necesitaba carne fresca... Y ella trataba ahora de imaginar qu&eacute; hab&iacute;a hecho &eacute;l despu&eacute;s que ella se fue cuatro a&ntilde;os atr&aacute;s: le parec&iacute;a verlo aun abriendo el Or&aacute;culo de los Preguntones, haciendo la pregunta n&uacute;mero veintid&oacute;s bajo el signo Sur: &iquest;Hallar&eacute; lo que he perdido? y luego echando a rodar los dados para escuchar del Destino la respuesta diez de Escorpi&oacute;n: Hijo m&iacute;o, turur&uacute;/ d&aacute; tu p&eacute;rdida al olvido,/ porque est&aacute; lo que has perdido/ tan perdido como t&uacute;. <br />Me duele el vientre, protest&oacute; Rosa, &iquest;ser&aacute; la hora? El m&eacute;dico dijo... Esperemos que no, contest&oacute; Ll&uacute;cia utilizando una primera persona que, en el caso que la hora fuera cumplida, ata&ntilde;er&iacute;a solo a su hermana. Mira, dijo Rosa, &iexcl;los &aacute;rboles! &iquest;Seguir&aacute;n estando los mismos chopos a la puerta de la casa? Eran bonitos... Eran como seres que habitaban el humo; gr&aacute;ciles, como se&ntilde;oritas envejecidas esperando a que los mozos las inviten a salir, en un baile. Ella se sentaba bajo esa escu&aacute;lida sombra, a veces le&iacute;a, a veces parec&iacute;a que pensaba. Rosa, comenz&oacute;, haciendo visibles esfuerzos para hablar, yo no entrar&eacute; en la casa. Esperar&eacute; fuera mientras t&uacute; buscas las cosas... las joyas, las piedras y... Yo me quedar&eacute; entre los chopos. Rosa se movi&oacute; en el asiento, inc&oacute;moda y como sin aire. Vale, Ll&uacute;cia, que a este paso yo acabar&eacute; con un ni&ntilde;o en Barcelona... Suspir&oacute; con esfuerzo, jade&oacute;: Ll&uacute;cia: &iquest;&eacute;l te tocaba? La hermana cay&oacute; en su silencio (blaus silens), aunque algo aullaba, era como un reloj detenido, de esos que nunca dan la hora y s&oacute;lo sirven de adorno y de pronto, gime la madera, las agujas se yerguen y suena la campana. Oh, a ti tambi&eacute;n el Viejo te tocaba, afirm&oacute; Rosa, luego llev&oacute; la mano al centro de la barriga y dolorida solloz&oacute;: Ay, Ll&uacute;cia. Haz que pronto acabe este camino.<br /></p>]]></description><pubDate>Wed, 31 Jan 2007 11:59:00 +0000</pubDate></item><item><title>Amelia Biagioni - Argentina</title><link>https://letrasdelmundo.blogia.com/2007/013101-amelia-biagioni-argentina.php</link><guid isPermaLink="true">https://letrasdelmundo.blogia.com/2007/013101-amelia-biagioni-argentina.php</guid><description><![CDATA[<strong>Lluvia<br /></strong><br />Llueve porque te nombro y estoy triste,<br />porque ando tu silencio recorriendo,<br />y porque tanto mi esperanza insiste,<br />que deshojada en agua voy muriendo.<br /><br />La lluvia es mi llamado que persiste<br />y que afuera te aguarda, padeciendo,<br />mientras por un camino que no existe<br />como una despedida est&aacute;s viniendo.<br /><br />La lluvia, fiel lamido, va a tu encuentro.<br />La lluvia, perro gris que reconoce<br />tu balada; la lluvia, mi recuerdo.<br /><br />Ir&eacute; a estrechar tu ausencia lluvia adentro,<br />a recibir tu olvido en largo roce:<br />Que mi sangre no sepa que te pierdo.<br /><br /><em>De: &ldquo;Sonata de soledad&rdquo;- 1954-<br /></em><br /><strong>El azul<br /></strong><br />Si te acercas<br />a su reino ovalado,<br />la puerta<br />te engulle suavemente,<br />y adentro<br />en lugar de la puerta<br />est&aacute; la ley,<br />que ordena:<br /><br />Hay que fijarse al tema azul<br />cantando sin pasado:<br />&ldquo;Azul, azul, azul&rdquo;,<br />y alcanzar la soga que pende azul<br />y enroscarla en el propio cuello<br />distra&iacute;do,<br />y apoyando un pie, un p&aacute;rpado azul<br />-con el otro encogido-<br />en el vac&iacute;o azul,<br />en su mano sin palma,<br />darse un gran envi&oacute;n<br />en torno al eje, al ojo azul,<br />girar desarroll&aacute;ndose<br />sobre la mano del vac&iacute;o azul,<br />y cantar sin pasado:<br />&ldquo;Azul, azul, azul&rdquo;,<br />hasta que llegue el miedo,<br />o el rojo con espuma.<br />O el fr&iacute;o.<br /><br /><em>De: &ldquo;El humo&rdquo; &ndash; 1967-</em> <p style="margin: 0cm 0cm 0pt" class="MsoNormal"><em><span style="font-family: Georgia">No puedo privarme, aunque est&eacute; enfermo, </span></em></p><p style="margin: 0cm 0cm 0pt" class="MsoNormal"><em><span style="font-family: Georgia">de algo m&aacute;s grande que yo, que es mi vida: </span></em></p><p style="margin: 0cm 0cm 0pt" class="MsoNormal"><em><span style="font-family: Georgia">la potencia de crear. </span></em></p><p style="margin: 0cm 0cm 0pt" class="MsoNormal"><em><span style="font-family: Georgia">Vincent Van Gogh</span></em></p><p style="margin: 0cm 0cm 0pt" class="MsoNormal"><em><span style="font-family: Georgia"></span></em><br />Coronado de llamas en la noche cerrada<br />por mirasoles muros ciegos<br />pinta el transido Vincent del espejo<br />mientras la oreja ilimitada<br />una mitad sujeta y la otra andante<br />escucha en el dolor y el cosmos.<br /><br /><em>De: &ldquo;Estaciones de Van Gogh- 1981-<br /></em><br /><strong>En el bosque<br /></strong><br />Cada d&iacute;a una r&aacute;faga me empu&ntilde;a<br />procurando mi identikit.<br />Siempre traza el rumor<br />que llega a la espesura y sopla:<br /><br />Soy mi desconocida.<br /><br />Tal vez<br />tu mensajera sin memoria<br />o tu evasi&oacute;n,<br />sopla el p&aacute;jaro espejo<br />cancel&aacute;ndome.<br /><br />Tan s&oacute;lo s&eacute;<br />que el bosque errante de los nombres<br />es mi hogar.<br /><br /><em>De: &ldquo;Regi&oacute;n de fugas&rdquo;- 1995-<br /></em><br /><strong>Cavante, andante<br /></strong><br />A veces<br />soy la sedentaria.<br /><br />Arque&oacute;loga en m&iacute; hundi&eacute;ndome,<br />excavo mi porci&oacute;n de ayer<br />busco en mi fosa descubriendo<br />lo que ya fue o no fue<br />soy predadora de mis restos.<br /><br />Mientras me desentierro y me descifro<br />Y recuento mi antig&uuml;edad,<br />pasa arriba mi presente y lo pierdo.<br /><br />Otras veces<br />me desencorvo con olvido<br />pierdo el pasado y soy la n&oacute;mada.<br /><br />Exploradora del momento que me invade,<br />remo sobre mi canto suyo<br />rumbo al naufragio en rocas del callar,<br />o atravieso su repentino bosque m&iacute;o<br />hacia el claro de muerte.<br /><br />Y a extremas veces<br />mientras sobrecav&aacute;ndome<br />descubro al fondo mi<br />fulgor inm&oacute;vil ojo<br />de cerradura inmemorial,<br /><br />soy avellave en el cenit<br />ejerciendo<br />mi remolino.<br /><br /><em>De: &ldquo;Regi&oacute;n de fugas&rdquo;- 1995-<br /></em><br /><strong>Obra po&eacute;tica de Amelia Biagioni<br /></strong><br />&ldquo;Sonata de soledad&rdquo;- 1954<br />&ldquo;La llave&rdquo;- 1957<br />&ldquo;El humo&rdquo;- 1967<br />&ldquo;Las cacer&iacute;as&rdquo;- 1976<br />&ldquo;Las estaciones de Van Gogh- 1981<br />&ldquo;Regi&oacute;n de fugas&rdquo;- 1995</p><p><em>Nuestro agradecimiento a la desinteresada colaboraci&oacute;n de la Prof.&nbsp;Betty Rambaldo.</em><strong>&nbsp;</strong></p>]]></description><pubDate>Wed, 31 Jan 2007 11:56:00 +0000</pubDate></item></channel></rss>
